Cadena mágica a través de la Bola de cristal 1

La formación de una «cadena mágica»

Existen diversos métodos con los que se puede formar una «cadena mágica»: les explicaremos el que adoptamos desde hace años con nuestro grupo.
Si los que participamos en la cadena somos tres, adoptamos la figuración en forma de «triángulo», con la esfera en el centro de la mesa: el jefe de grupo se sentará en el ángulo dirigido hacia el norte.
Si los participantes somos más de tres (no hay que olvidar, sin embargo, que hay que estar siempre en número impar), nos colocamos alrededor de la mesa, alternando un hombre y una mujer, si los presentes somos personas de distinto sexo.
Todo objeto metálico que los participantes tengan encima (anillos, pendientes, collares, broches, relojes, etcétera) se los tienen que quitar y dejar fuera de la habitación. De lo contrario, el fluido magnético quedaría condicionado y bloqueado por estos objetos.
Encendemos dos velas de color morado: los participantes a la sesión tendrán que cogerse de la mano, pero pueden también decidir, si lo prefieren, evitar el contacto.
Es importante que haya una persona, escogida por los demás participantes, que se encuentre fuera de la cadena, para conducir la sesión y apuntar todo lo que ocurre. Es una buena práctica también la de grabar las «voces» que surgen a lo largo de la sesión: podremos reconsiderarlas luego y discutir sobre ellas para hacer un balance serio y profundo de la sesión misma.
Una vez que la cadena se ha formado, y que se ha averiguado su funcionalidad mediánica en el curso de unas cuantas sesiones, tenemos que evitar cuidadosamente cualquier modificación en su colocación y en su composición. Si se ofreciera alguien como nuevo participante, no deberá ser «concatenado» directamente, sino que tendrá que asistir desde fuera de la cadena.
Cada participante ha de hundir su mirada en el centro de la esfera y permanecer inmóvil durante toda la sesión.
El que tenga visiones, que las comunique. El externo tiene que tener papel y pluma para dibujar inmediatamente lo que aparece en la esfera: sus palabras puede que no sean suficientes para describir los mundos del más allá.
Las vibraciones que atraviesan la cadena son de tres clases: físicas, astrales y espirituales.
Si después de algunos minutos no se produce nada todavía, el jefe de grupo, tras haber recitado las invocaciones a las Entidades Superiores y al Divino Creador, que ya hemos conocido, tratará de restablecer la «sintonía» entre los participantes, «sintonía» que, evidentemente, se había ido perdiendo por el camino (la mente de alguien eludía la concentración común), fijando la atención en un polo de referencia como, por ejemplo, la música. Luego hay que dar comienzo a una nueva fase de concentración mediánica «concatenada».
Después de cada sesión hay que proceder a la purificación de la esfera y del ambiente, tal y como lo hemos descrito en los capítulos anteriores.

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