Tauro ¿el signo más avaro del Zodíaco?

tauro es avaro

Si bien muchos taurinos son materialistas, también Buda -que renunció a sus riquezas- era de TAURO

Muy difícilmente el Tauro se inquiete -dada su proverbial calma y la templanza de su espíritu- por lo que digan sobre él las malas lenguas. Es que los tranquilos Toros están acostumbrados a que se los acuse de excesivamente materialistas, carentes de aspiraciones espirituales o avaros y por lo general poco los afecta esta mala imagen que apenas si analiza una pequeña porción de su personalidad compleja y rica en matices.

Comúnmente se lo asocia con la figura del banquero: una especie de «Rico Mac Pato» que dedica su vida a contar y sopesar una y otra vez sus monedas de oro, atrapado por la fascinación de «poseer». Es que como signo de Tierra, Tauro tiene una forma de ver la vida ligada al registro de lo material, de lo que tiene sustancia y puede ser percibido a través de los sentidos.

Regido por el planeta Venus en su faz nocturna o terrestre (a diferencia de Libra que está regido por Venus en su faz aérea) es uno de los máximos exponentes zodiacales de la cualidad perceptiva. Siendo entonces Tauro un amante de los placeres sensoriales, no es de extrañar que le atraiga el poder materializador del dinero, pero de ningún modo podemos aceptar la idea de que el nativo de Tauro sea una persona únicamente interesada por la obtención de éste pues lo que constituye la esencia más profunda de los Toros es la sensación de formar parte -con su propio cuerpo y a través de sus sentidos físicos- de la infinita y maravillosa manifestación de la vida.

Es por eso que si bien un banquero puede representar a Tauro también posee una intensa energía taurina un artista plástico naturalista, cuya fuente de inspiración primaria provenga de la misma belleza e intensidad de la vida o un jardinero, quien con su trabajo paciente y su armonización básica con lo viviente contribuya al despliegue de frondosidad y belleza de su jardín.

También se puede vincular con Tauro a un gourmet, dueño de una exquisita sutileza para captar los sabores y perfectamente capacitado para recomendar un plato especial para cada comensal, ya que tiene el talento de captar inmediatamente la necesidad concreta de cada persona.

Tan testarudos como Buda

¿Cómo imaginamos al Toro? Como a un enorme animal oscuro, pastando quieto, casi inmóvil y pacífico por naturaleza, pues hay que molestar mucho a este nativo para que se enoje y reaccione. Tauro, al igual que el animal que le ha dado nombre, sólo se mueve para ir en busca de alimento o si se siente atraído por una hembra, debido a que su movimiento está ligado a las necesidades básicas. Y mientras algo así no lo motive observa tranquilo, muy tranquilo, la infinita belleza que lo rodea.

Esta parsimonia es también la que demuestra frente a las opiniones o deseos ajenos y esto genera otro prejuicio que por lo común se esgrime en contra de Tauro: el de ser testarudo e incapaz de cambiar de opinión cuando una idea se cruza por su mente. Es cierto que los taurinos a veces resultan algo testarudos pero… ¿alcanzarían sus metas si no fuese gracias a su determinación inamovible? ¿Qué beneficio obtendría el Toro si desperdiciase sus energías en atender las opiniones ajenas y dudar de sus propósitos personales? Y en ese sentido el tener una meta fija ha sido el gran aliciente para taurinos muy evolucionados, como por ejemplo Bu-da, de quien pasaremos a relatar su historia.

El Buda Gautama, o Buda Shakyamuni era taurino. Este ser extraordinario provenía de una familia aristocrática, era príncipe y disfrutaba de gran riqueza. El destino que le estaba asignado era casi perfecto para cualquier nativo de su signo: una vida colmada de placeres, riqueza y poder. Pero en su búsqueda espiritual Buda renunció a todo lo material, sin escuchar la opinión de quienes lo rodeaban ni los ruegos de quienes lo amaban.

Renunció testarudamente al poder y a la riqueza en su empeño por encontrar una verdad esencial. Como buen taurino que era, una vez que sintió la necesidad de comprender la verdadera naturaleza de las cosas y de sí mismo, no se apartó ni un ápice de esta idea. Y también como buen taurino la revelación no lo tomó por sorpresa: le llevó años de esfuerzo y perseverancia alcanzarla.

El momento de la iluminación tuvo lugar cuando, estando Buda al borde de sus fuerzas, con la sensación de que ya lo había intentado todo, decidió no buscar más.
Extenuado se sentó un día bajo el árbol de boddhi, permaneció horas y horas silencioso, quieto y contemplativo y observó simplemente la naturaleza de su mente.

Así cuentan los escritos budistas que alcanzó la Iluminación, y cuentan también que el Gautama Buda pidió testimonio a la Tierra de la veracidad de su sabiduría y que la misma Tierra le dio señales de asentimiento.

En síntesis, los pre-conceptos tan ampliamente difundidos sobre Tauro provienen de considerar una mínima parte de la verdad como La Verdad. Pues si bien es cierto que el banquero avaro y mezquino constituye una manifestación terrenal de la energía taurina, en el otro extremo está la figura de Buda, quien renunció a todo para satisfacer una necesidad propia de muchos de sus hermanos zodiacales: ser uno con todas las manifestaciones de la vida y experimentar en su ser, en su cuerpo y con sus propios sentidos, la potencia de la existencia misma.

Volver al Signo Tauro