Símbolos y mitos asociados a Piscis

Así como el cangrejo del signo Cáncer vive en medios acuáticos, buscando un poco de frescura, o el cangrejo de mar, en analogía con el mismo signo, vive en las playas, en las rocas, en la cresta de las olas, en la superficie del mar, o el escorpión vive en las aguas calientes de la tierra, en los charcos y lagunas, los Piscis necesitan el océano, el cielo y el espacio. ¿No es el océano un enorme y espléndido espejo donde se refleja la inmensidad del cielo estrellado, aparentemente inmutable pero en realidad siempre en movimiento? El cielo y el océano podrán considerarse dos símbolos naturales del signo Piscis. En efecto, cuando contemplamos la superficie del océano, no podemos ni imaginar las innumerables corrientes que lo atraviesan, ni la riqueza e infinidad de variedad de formas de vida que hierven en él. Igualmente, al contemplar el cielo, no nos hacemos una idea de los movimientos y atracciones de los astros, la potencia de las masas y los elementos en juego, las fuerzas creadoras y destructoras que trabajan en todo momento. Así entendemos mejor por qué el signo Piscis, último del zodíaco, pero también el que precede al primer signo de la primavera, de la renovación, de la planta que sale de la tierra para girarse hacia la luz, el sol y el cielo, se ha asociado al caos primordial, a la fase de la vida intrauterina que coincide con los últimos días del embarazo, justo antes que el niño vea la luz del día. En efecto, todo nativo Piscis nota que el día va a llegar, que la luz está ahí, muy cerca. Por este motivo, la premonición, el arte de anticipar los acontecimientos, el conocimiento intuitivo del desarrollo de las circunstancias son en él una segunda naturaleza, un don innato. Sabe situarse mejor que nadie en las corrientes continuas, en las olas eternas del tiempo que se perpetúa, en el corazón de lo que hoy llamamos el continuum espacio-tiempo. Sólo con conocer el comienzo, presiente el final. He aquí por qué le cuesta tanto vivir el presente.

Detalle de un mosaico romano

Detalle de un mosaico romano


Abundancia, fecundidad, riqueza, multiplicidad, infinito, eternidad, el signo Piscis es el de la disolución de lo múltiple, la generosidad sin límites, la apertura total, la disolución de todo lo que divide y separa, aisla y coacciona, el de la dilatación y la fusión.
Según Anaximandro -astrólogo y filósofo griego del siglo VI a.C., que afirmaba que el universo era un conjunto caótico e indeterminado que contenía en sí mismo todos sus contrarios-, el consumo de pescado estaba proscrito y era tabú en ciertas regiones de Asia Menor, ya que se le veneraba a un tiempo como madre y padre de todos los hombres.
Según una vieja leyenda romana, inspirada en la mitología griega pero que tiene su origen en fuentes más antiguas de mitos asirios, Tifón, el monstruo nacido de Gea, la Tierra, medio bestia, medio humano, cuya cabeza tocaba las estrellas, sorprendió a Cupido-Eros y a Venus-Afrodita en sus juguetees. Para huir del monstruo, los amantes se tiraron al agua y se transformaron en peces. En el fondo del río encontraron un huevo maravilloso que llevaron hasta la orilla. De este huevo nació una diosa de gran sabiduría, cuya reputación no tardó en extenderse, y la cual pudo interceder ante Júpiter-Zeus para que concediera la inmortalidad a los dos peces: así nació la constelación Piscis.

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