Rituales y ceremomias

Cada ritual se compone de una serie de pasos que debe ejecutar el oficiante al tiempo que recita oraciones o invocaciones específicas. En cuanto se leen parecen sencillos y fáciles de realizar, sin embargo, en las fórmulas que se encuentran en los libros vienen todos los ingredientes necesarios pero poco se dice del más importante: la actitud de recogimiento y concentración imprescindibles en quien los ha de llevar a cabo.
Una receta de cocina, por sencilla que sea, no dará el mismo resultado si es realizada por una cocinera experimentada que si la hace alguien que jamás se ha dedicado a ello; aunque ambas personas utilicen los mismos ingredientes y sigan las instrucciones paso a paso, el resultado será distinto.
Hay detalles muy sutiles (como la cantidad exacta de calor que se debe emplear o la forma de revolver los alimentos) que serían imposibles de explicar en una receta y eso es algo que la cocinera sabe por experiencia, por oficio, por la cantidad de veces que ha practicado.
De la misma manera, en los ritos de magia hay detalles que son imposibles de explicar minuciosamente porque son estados interiores, actitudes que no pueden ser expresadas en palabras. Sin embargo, quien se dedique a ello, podrá entenderlos a través de la práctica y perfeccionarlos hasta lograr cada vez mejores resultados.
Conviene comenzar con fórmulas sencillas, destinadas a forzar o ayudar a que se obtengan resultados más o menos previsibles porque, al conseguirlo, también se logrará fortalecer la fe que es el ingrediente más importante de todo ritual.
Los trabajos de magia no obran nada por sí mismos si no hay una previa disposición de ayuda por nuestra parte. Al respecto, es importante recordar que su principal objetivo es armonizar nuestro interior con lo que nos rodea, ponernos en sintonía con el exterior de modo que podamos influir en él de la manera que nos resulte más conveniente.