Ritual para vencer el miedo

Encienda las velas del ALTAR 1 y 2.
Encienda el incienso.
Concéntrese en vencer el miedo.
Encienda la vela del CONSULTANTE pensando en él.
Encienda la vela BLANCA pensando en la fuerza y en la pureza.
Encienda las velas NARANJA 1, 2 y 3, piense en la confianza, en la habilidad para vencer el miedo y en la fuerza de su personalidad.
Medite un momento. Luego, lea:
(Salmo 31)
«Pongo mi confianza en ti, Señor, no dejes que me engañe;
Libérame de acuerdo a tu rectitud.
Que tu voz baje hasta mí, repito, mándame tu liberación:
Para salvarme, mi dura roca es tuya, mi casa fortaleza.
Porque con tu arte romperás mi roca y asaltarás mi fortaleza;
Así pues, llévame y guíame, aunque sólo sea por amor a tu nombre.
Asienta mi fuerza con tu arte y luego, sácame fuera de la red,
Que tan sutilmente han tejido para mí.
En tus manos encomiendo mi espíritu; por tu arte,
Jehova, Dios de la verdad, que me has redimido.
Aborrezco a aquellos cuya mirada está llena de vanidades engañosas:
Pero yo, he puesto mi confianza en el Señor.
Estaré en tu alegría llena de gracia: porque tú has considerado mis miserias;
has conocido las adversidades de mi alma:
Y no me has abandonado en manos del enemigo;
Y has dejado que mis pies se posaran en una habitación amplia.
Señor, la gracia está por encima de ti, porque en mí está la duda:
Mi ojo, mi vientre y mi alma se consumen con dolor.
Porque mi vida pasa con dolor, los años con suspiros y gemidos:
Mi fuerza decae; y mis piernas se consumen por mis pecados.
Soy desdeñable para todos mis enemigos y temible para mis amigos;
Y soy en general el reproche de los que viven cerca de mí.
Cuando me ven se alejan.
Así pues se olvidan de mí, Igual que se olvidan de los muertos.
Soy como un cacharro roto.
He oído muchas calumnias; el miedo me alcanza, mientras
Disponen contra mí y planean quitarme la vida.
Pero yo, Señor, deposito mi confianza en ti.
Mis días están en tus manos; tú me liberarás
De las manos de mis enemigos y perseguidores.
Tu figura brilla sobre tu servidor:
Y me da la salvación, por amor a tu merced.
No dejes que me engañe, Señor, por las llamadas que me lleguen:
Deja que los hombres malos se engañen,
déjalos estar en silencio en sus tumbas.
Para callarlos, dales los labios mentirosos que dicen cosas dolorosas,
Largos relatos, llenos de orgullo y de desprecio, engañan al hombre recto.
Cuan grande es la divinidad que lanzas hacia ellos, para que el miedo se aleje,
Y trabaja para ellos, para que regresen a la confianza de los hijos de los hombres.
En secreto de tu presencia, se ocultan en el orgullo del hombre:
Se ocultan firmemente en la contienda de las
lenguas como en una tienda.
Todas las plegarias y las gracias son para el Señor:
porque ha magnificado
Su amor milagroso para encerrarse en una ciudad fortificada.
Me he separado de tu visión por apresurarme;
Ahora se oye mi voz, cuando hacia ellos lanzo gritos y quejidos.
Amo al Señor y a todos sus santos; porque el Señor guarda
La fe y recompensa con abundancia a los hacedores orgullosos.
Si tienes buena voluntad, llenará tu corazón de fuerza,
Todos aquellos que esperan y confían, dependen del Señor».

Siéntese cinco minutos a meditar. Luego, apague las velas. Repita el ritual durante nueve noches.