Ritual para purificarse

Encienda las velas del ALTAR 1 y 2. Encienda el incienso. Encienda la vela del CONSULTANTE y piense en él. Encienda la vela ROSA y piense en el honor, la rectitud y la moral del Consultante. Encienda la vela BLANCA y piense en su sinceridad, su autenticidad, y su pureza.
Diga:
(Salmo 23)
«No quiero al Señor, mi pastor. Me hace caminar en la mentira Por los pastos verdes: cerca de las tranquilas aguas.
Ahí restaura mi alma de nuevo; Y me hace caminar por los senderos de la rectitud, solo por la gloria de su nombre.
Y, aunque camine por el oscuro valle de la muerte, no temeré ningún mal:
Porque su gracia está conmigo; su medida y su báculo me reconfortan.
Ha abastecido mi mesa en presencia de mis enemigos; ha untado mi cabeza de aceite y ha llenado mi copa. Toda mi vida me acompañará tu divinidad y tu merced: Y la casa de Dios será para siempre mi morada».
Siéntese tranquilamente unos minutos, pensando en la pureza del Consultante. Luego, repita:
«No quiero al Señor, mi pastor.
Me hace caminar en la mentira
Por los pastos verdes: cerca de
las tranquilas aguas.
Ahí restaura mi alma de nuevo; Y me hace caminar por los senderos de la rectitud, solo por la gloria de su nombre.
Y, aunque camine por el oscuro valle de la muerte,
no temeré ningún mal:
Porque su gracia está conmigo; su medida
y su báculo me reconfortan.
Ha abastecido mi mesa en presencia de mis enemigos; ha untado mi cabeza de aceite y ha llenado mi copa.
Toda mi vida me acompañará tu divinidad y tu merced: Y la casa de Dios será para siempre mi morada».
Siéntese de nuevo cinco minutos, pensando en la pureza del Consultante. Luego, repita de nuevo:
«No quiero al Señor, mi pastor.
Me hace caminar en la mentira
Por los pastos verdes: cerca de
las tranquilas aguas.
Ahí restaura mi alma de nuevo; Y me hace caminar por los senderos de la rectitud, solo por la gloria de su nombre.
Y, aunque camine por el oscuro valle de la muerte,
no temeré ningún mal:
Porque su gracia está conmigo; su medida
y su báculo me reconfortan.
Ha abastecido mi mesa en presencia de mis enemigos; ha untado mi cabeza de aceite y ha llenado mi copa.
Toda mi vida me acompañará tu divinidad y tu merced: Y la casa de Dios será para siempre mi morada».
Después de cinco minutos más de contemplación, apague las velas. Repítalo cada tres días y también cuando lo desee.