Ritual para purificarse 1

Encienda las velas del ALTAR 1 y 2. Encienda el incienso.
Encienda la vela del CONSULTANTE, mientras concentra sus pensamientos en él. Diga:
«He aquí a…. (Nombre)…., cuyo espíritu arde tan auténticamente como lo hace esta llama. Es elevado, firme y verdadero. Su nombre es la pureza».
Encienda la vela ROSA mientras piensa en el gran amor y el honor del Consultante. Diga:
«He aquí su honor, su rectitud…»
Encienda la vela BLANCA y diga:
«… y he aquí también su pureza, su verdad y su sinceridad».
Ahora, piense intensamente en cómo todas estas cualidades entran en el Consultante y se quedan en él. Ya son parte de él. El ES la pureza. Diga:
«La Suma Sacerdotisa, acompañada de sus doncellas, viene del lejano este y llega por fin a las orillas del río. Ahí hace una pausa y, sus ojos reflejan los destellos de las aguas, sonríe y eleva los brazos hacia el cielo. Sus doncellas se acercan a ella; entre risas musicales, empiezan a colocar los adornos a su Señora.
Extienden los delicados pañuelos de seda sobre la hierba húmeda, a orillas del río, y sobre ellos, colocan las joyas de la Suma Sacerdotisa. Mientras la más joven de todas peina los cabellos de su Dama, las otras colocan los adornos. Luego todas dan palmaditas entre gritos y susurros de placer y bajan hasta la orilla y se adentran en el río plateado. Ahí chapotean y corren y saltan y gritan; son ninfas del agua, son espíritus. La suciedad de los viajes se desliza por sus cuerpos. Y con ella se va la escoria de sus temores. Ya están limpias y juegan en ese claro remanso de agua, revoloteando por la hierba y los árboles de la orilla. Están limpias y puras de
nuevo».
Siéntese tranquilamente y medite quince minutos antes de apagar las velas. Repita el ritual cada tres días y también cuando lo desee.