Ritual para disipar la oposición de una persona

Encienda las velas del ALTAR 1 y 2. Encienda el incienso. Encienda la vela del CONSULTANTE, pensando en él. Encienda las velas ROJA y BLANCA, pensando en la pureza y la fuerza que el Consultante va a desplegar para disipar esta circunstancia que se le opone. Encienda las velas NEGRAS 1 y 2, pensando en la «oposición» al Consultante, o pensando en la persona que se le opone (si la conoce). Encienda las velas MARRONES 1 y 2, pensando en la inseguridad y la derrota de la persona que se opone al Consultante.
Diga:
(Salmo 59)
«Dios mío, libérame de aquellos que son mis enemigos:
Y ayúdame a defenderme de los que se levantan contra mí.
Libérame de los que obran con iniquidad; Y sálvame de los hombres crueles y sangrientos. Porque están esperando que perezca mi alma: la voluntad actúa
Contra mí, Señor; no tengo yo la culpa, ni tampoco la tiene el destino.
Se avalanzan sobre mí, sin yo tener culpa alguna: Viene a mi encuentro con tu ayuda; te das cuenta de ello.
Disponte, entonces, Señor de los ejércitos, tú, Dios de Israel,
A visitar a estos bárbaros: no perdones a ninguno que se rebele falsamente.
Por la noche van de aquí para allá: hacen mucho ruido,
Como perros, y a menudo pasean por toda la ciudad.
Mira los eructos que salen por sus bocas y entre sus labios llevan cuchillos:
Y a ti te dicen ¿quién es el que ahora escucha nuestras palabras?
Pero, tú Señor, te reirás de ellos y te burlarás de
todos, los bárbaros.
Mientras esté en el poder, pondré mi esperanza en
él; porque Dios es mi mayor meta.
Pronto, el Dios de la gracia me liberará:
Por encima de mis enemigos, Dios me dejará ver la
alegría de mi corazón.
No les mates, déjame olvidarles; pero exilíales de tu
poder absoluto; y rebájales,
Escudo y Dios mío.
Por el sino de sus bocas y por las palabras que
vuelan fuera de sus labios,
Déjales que acudan ante ti, los primeros; porque
mienten y maldicen.
Consúmelos con tu cólera y luego consume lo que
ya no debe ser:
Y por Jacob el Bueno, déjales ver los límites de la
tierra.
Por la noche, déjales que vengan a ti, harán mucho
ruido,
Como perros, y a menudo pasean por toda la
ciudad.
Déjales que vaguen acá y allá, en busca de comida
para alimentarse;
Y déjales que envidien cuando no se encuentren
satisfechos con los alimentos.
Por tu poder, al que canto a viva voz; por la mañana
rezo por tu gracia:
Por ti, que me das cobijo en tu torre
los días de tormenta.
¡Oh Dios! tú eres mi fuerza, cantaré plegarias para
ti.
Porque Dios es mi defensa, un Dios de gracia llevo
en mí».
Apague las velas NEGRAS y MARRONES, luego siéntese cinco minutos antes de apagar las demás. Repita el ritual cada tres días, desplazando, unos centímetros cada vez, las velas NEGRAS hacia las MARRONES. Siga adelante hasta que las NEGRAS toquen a las MARRONES.