Presagios de buena suerte

¿De dónde viene la suerte? La palabra «suerte» viene del latín sors, sortis, y además de la propia suerte, en romance medieval significaba «campo de tierra de labor». El adivino, en latín, recibía el nombre de soritlegus, y de ahí deriva la palabra «sortilegio». «Consorte» significa asimismo «el que comparte la misma suerte». Según las circunstancias con que ciertos fenómenos de la naturaleza se manifestaban a nuestros antepasados, les «ocurrían simultáneamente» en el instante en que los observaban y, por consiguiente, coincidían, eran «consortes», tenían según ellos un significado particular, que anunciaba suerte o mala suerte.
Desde la antigua Mesopotamia hasta el pleno Renacimiento, los fenómenos y los prodigios de la naturaleza siempre se consideraron signos que anunciaban los acontecimientos afortunados o desgraciados para los individuos que los observaban y, como atentos testigos, sabían interpretarlos oportunamente. Por supuesto, el papel de los adivinos era identificar y desvelar el sentido de los presagios. Hoy, estos presagios se asocian con supersticiones. Todavía están muy anclados en la memoria colectiva, aunque casi siempre se ignoran o se conocen poco sus orígenes, sus fundamentos o sus significados. Como ya hemos visto, algunos de ellos se han convertido en proverbios o refranes.
Pero en cuanto a presagios relativos a la suerte, muchos de ellos han mantenido su autenticidad. Aunque seamos muy discretos al respecto, no podemos evitar sentirlos, sobre todo cuando pasamos períodos de duda, miedo o esperanza. ¿Se debe realmente creer en ellos? La naturaleza está llena de maravillas, prodigios y misterios. El hecho de estudiar científicamente sus principios y sus funciones, no significa que no podamos maravillarnos ante la profusión de sus manifestaciones y de la inmensa diversidad de formas de vida. Solamente esta capacidad de maravillarnos que todos poseemos permite dar fe de esos presagios que podemos leer en el gran libro de los misterios de la vida y de la naturaleza, siempre y cuando respetemos las observaciones que nuestros antepasados codificaron y las conclusiones a las que llegaron. Es la única diferencia que existe entre presagio y superstición. Un presagio es una creencia, cuyo origen y sentido todavía podemos comprender. Una superstición no se basa en nada conocido. Es una creencia, cuyo origen se ha perdido o que no tiene ningún fundamento. Algunos de estos presagios anuncian felicidad, una alegría, una oportunidad y otros revelan desgracia, una adversidad o una futura catástrofe. Te proponemos descubrir el sentido de algunos de estos presagios de buen agüero, que se remontan a la noche de los tiempos y que todavía conservan todo su significado.