Nostradamus: médico, astrólogo, adivino y profeta

«Humanus sum, possum errare, failli et decapi», escribió Nostradamus, lo que significa: «Sólo soy un hombre, puedo equivocarme, fallar, engañarme».
He aquí un curioso personaje que ha dado y sigue dando muchas alegrías a los editores, pero que prácticamente no sale aludido o se ignora totalmente en los libros de historia dedicados al Renacimiento.

¿Por qué este desprecio o ignorancia voluntaria de los historiadores contemporáneos respecto a él? Porque, para ellos, Nostradamus no es un personaje serio; pero, sobre todo, porque a fin de cuentas no se sabe gran coSa de él. A partir de ahí, lo que queda de él tiene más de leyenda y folklore que de filosofía y ciencias ocultas del Renacimiento.

Nostradamus

Edición integral de las profecías de Nostradamus, de 1568.

Hoy en día no se quiere reconocer que éstas fueron la cuna de las ciencias modernas, como así fue. Todo ello hace que el llamado «Mago de Salón» -no porque frecuentara los salones mundanos, sino porque pasó sus últimos catorce años de vida en Salon-de-Provence, donde reyes y príncipes venían a consultarle- resulte poco creíble para nuestros serios universitarios, ya, que en realidad, no encaja en ninguna etiqueta de nuestra sociedad actual.

A lo sumo, si miramos más de cerca su biografía, descubrimos (¡oh escándalo!) que Michel de Nostredame, llamado Nostradamus, era un médico diplomado y que en su tiempo ejercía su arte con talento y reputación. ¿Cómo podríamos imaginar actualmente, en el siglo del racionalismo y la tecnología, que un médico pudiese de golpe ser mago, astrólogo y profeta? Finalmente, herejía máxima, se jactaba de predecir hechos llamados históricos, como si la historia en su conjunto estuviera escrita de antemano.