Mitos y símbolos asociados con Acuario

Cuando observamos los símbolos que figuran en el signo Acuario, es la imagen lo que salta a primera vista. Casi siempre se trata de un hombre o una mujer llevando una o dos ánforas o urnas, de las que él o ella vierte el contenido: el «acuario» no sólo es el recipiente que contiene el agua, sino, simbólicamente, también el aguador que la vierte. Por otra parte, vale la pena recordar que la voz «aguador» tiene su origen en el término latino acqua.
Sin embargo, el término latino verteré, de donde viene el verbo «verter», al principio significaba «girar o hacer girar» y, en un sentido figurado, «conmover»,
como sinónimo de «emocionar», es decir, conmover el espíritu de alguien para inducirlo a reaccionar o actuar sobre sí mismo. Este mismo vocablo verteré también ha dado lugar a «versátil», que originalmente hacía alusión a lo que gira fácilmente, lo que es móvil. Finalmente, verteré derivado de verter, versum, significaba «girar, volver, invertir», en sentido propio o figurado, y ha dado también «convertir y conversar». Para ser del todo completos, señalemos por último que la palabra «vértebra» viene también de verteré. Jugando con la asociación de ideas, podemos comprobar que todos los Acuario son vertebrados no sólo como orden zoológico, sino, además, como personas que fundamentan sus inclinaciones impulsivas con sólidos argumentos.
Simbólicamente, el que vierte el agua invierte el curso de las cosas. Vacía el contenido de su pensamiento -representado por el ánfora o urna-, sus pensamientos, ideas, su inspiración -representados por el agua que fluye-, a lo largo de su columna vertebral, para conmover, emocionar, convertir. Reúne las aguas Superiores e Inferiores, que fueron separadas en el principio de los tiempos. ¿El espíritu y la conciencia del hombre no residen, pues, en su cerebro? De ahí, vaciando su contenido a lo largo de la columna vertebral, se libera de los anillos de la cadena que componen el árbol vertebral. Hulyah, en hebreo, significa tanto «vértebra» como «anillo». Pero este árbol es el que, desde ahora, quiere plantar sus raíces. Al liberar su espíritu y su conciencia, se coloca en la situación del Colgado, el decimosegundo arcano del tarot adivinatorio, o del yogui en la shirshásana, o postura sobre la cabeza, también llamada del pino.

Acuario

Acuario, portador de un ánfora invertida.

Sin embargo, sigue en pie. Pues es al interior de sí mismo hacia donde se invierte, hacia donde vierte el contenido de su espíritu y conciencia para convertirse en un ser libre de toda atadura y crear él mismo sus raíces, no en la tierra material, nutricia, matriz o maternal, sino en su tierra interior, nueva. Esta inversión de valores es lo que la tradición hebrea llama la «inversión de las luces». Se produce en el hombre cuando siembra un nuevo germen en su tierra interior e inferior para crear una nueva luz que liberará su conciencia. Para comprender lo que significa la «inversión» -donde vemos la tendencia a la paradoja y la relativiza-ción de los nativos de Acuario-, hay que imaginar que damos media vuelta, mientras nos quedamos en el mismo sitio y nuestro rostro se sitúa detrás de la cabeza, sin que nada haya cambiado en nosotros. En otras palabras, de cara, estaríamos de espalda. Sin embargo, nuestra cara y nuestra espalda siguen siendo nuestra cara y nuestra espalda. En esto, Acuario es el hombre-zodíaco, es decir, el hombre de pie en el corazón del zodíaco, que encarna todos sus componentes, los difunde y los transmite.

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