Los signos de Tierra

El simbolismo de la Tierra está ligado a la estabilidad, a la construcción, a la duración. Para los nativos de estos signos no hay prisas sino continuidad en el esfuerzo, sentido de la permanencia y una relación muy particular con el tiempo.
Tauro camina con fuerza, aunque graciosamente. Se toma su tiempo para vivir y para actuar. Su capacidad de trabajo es notable pero no se deja agobiar, y necesita tiempo para ser cpnsciente de lo que siente o de lo que quiere. De ahí su dificultad para decidirse, y sobre todo para volverse atrás en una decisión. Como signo fijo, está centrado en la realización concreta; necesita hacer cosas, y lo mismo sucede con todos los signos de Tierra que están muy arraigados. En Tauro, ese arraigo se manifiesta en un inmenso amor por la vida y por los placeres. Es sin duda el más sensual de los tres, el más artista también y el más sensible a la belleza.
Virgo, signo mutable, es más ambiguo en sus relaciones con el tiempo, pues está regido por Mercurio. Tiene mayor movilidad o rapidez en su manera de actuar, en sus reacciones y en su misma sensibilidad. Como en todos los signos de Tierra, es muy paciente aunque en menor grado que Capricornio, lo que se manifiesta en una acción concienzuda y minuciosa, sin prisas, de una precisión casi mecánica y que alcanza resultados sorprendentes.
En Capricornio (regido por Saturno, dios del tiempo) esa tendencia está más acentuada si cabe. Capricornio está casi siempre desfasado en relación al instante. Se da cuenta de las cosas después de que le hayan ocurrido, reaccionando siempre tardía aunque intensamente. A menudo se le reprocha que tenga poca agilidad mental pero, aunque asimila lentamente, lo hace quizá más a fondo que otros.
Todos los nativos de signos de Tierra mejoran con la edad, porque necesitan tiempo para tomar conciencia de sí y evolucionar.
Los signos de Tierra tienen en común el amor por su elemento. Les tranquiliza. Esta condición determina a la vez sus posibilidades de construcción y su estabilidad. La Tierra es lo inevitable, lo duradero, la riqueza y la paciencia.
La Tierra de Tauro es la tierra de la abundancia, la tierra de donde manan la leche y la miel. La Tierra de Virgo, en cambio, lo ha sido pero ya no lo es: sus cosechas han sido segadas, sus viñas exprimidas y se ha vuelto estéril, condenada a vivir de las reservas. Según Conrad Moriquand, Capricornio «simboliza la tierra, su peso, sus secretos, su fatalidad».
Capricornio tiene un objetivo que trata de alcanzar pacientemente, sin desanimarse nunca, con una confianza renovada en que la primavera está por llegar después de la larga travesía invernal. Es una tierra interior, una tierra de espera. En cierto modo el tiempo se hace abstracto para él, adopta un valor de eternidad. Los signos de Tierra tienen otro rasgo en común: son realistas y sedentarios. ¿Qué puede ser más real, más concreto que ese elemento? Tauro no levanta el vuelo, pero sabe a dónde va: planta y cosecha. Tiene los pies sobre la Tierra. Sabe organizar su éxito y jugar sus cartas para obtener lo que desea. Virgo es preciso, metódico, ordenado. Se pliega a las reglas del juego que le impone la naturaleza. Sabe poner su inteligencia y su espíritu lleno de recursos al servicio de su trabajo, a disposición de los demás. Capricornio rechaza la ilusión: su forma de ser concreto consiste en ser ante todo lúcido y en poner su pensamiento al servicio de su ambición. No hay rebeldía en estos signos, al contrario que en los de Fuego, ya que aceptan la fatalidad. De ahí derivan la paciencia, la sabiduría y la fuerza específicas que les caracterizan.
La fuerza de Tauro, signo fijo, estriba sin duda en su amor por la naturaleza y la vida, por el trabajo, en la manera en que sabe gozar de las cosas. La fuerza de Virgo, signo mutable, reside en su paciencia, su adaptabilidad, su eficacia y su prudencia. En Virgo nada queda librado al azar: tiene respuesta para todo, siempre y en todas partes. La fuerza de Capricornio, signo cardinal, radica en su sabiduría y en su serenidad. Siempre pone una distancia entre él y lo que desea: de ahí su lucidez y de ahí su frustración. Ama la fuerza, y no se permite debilidades ni caídas. Así se impone una autodisciplina.

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