Los signos de Fuego

Hay un dinamismo poderoso en los nativos de estos signos que hace de ellos personas entusiastas y psíquicamente activas. Necesitan, más que otros, creer en lo que hacen: la fe los sostiene, y necesitan estar motivados para actuar. Si de repente dejan de estarlo, abandonan o se hunden en la depresión.
Pero el hecho de pertenecer a uno u otro signo de Fuego supone una reacción distinta. Aries, por ejemplo, abandona más rápida y radicalmente que los otros porque es más espontáneo, más de una pieza. Además, es uno de los cuatro signos cardinales, que son poco flexibles y que por tanto se adaptan peor que los demás.
Leo, dominado por el orgullo y que, como signo fijo, está centrado en la acción, es muy sensible a la pérdida brusca de una motivación o de su fe en lo que hace. Suele caer en lo que los psicólogos denominan una neurosis de fracaso, como si fuera menos doloroso para su orgullo ser responsable de sus errores que aceptar la responsabilidad de otro en sus actos. A veces, sin embargo, desprecia el fracaso y sigue como si nada hubiera sucedido, sustituyendo la fe por la tenacidad.
En cuanto a Sagitario, también entusiasta y deseoso de triunfar, pero quizá más consciente de sus posibilidades de éxito o más confiado en su buena estrella, tiene, como todos los signos mutables, la posibilidad de adaptarse a las circunstancias y de utilizarlas como un trampolín después de haber examinado la situación.-Si cae en la depresión -y eso es posible, pues es muy emotivo- no se deja desalentar, como le sucede a Aries o incluso a Leo. Espera hasta recuperar las fuerzas y recurre al juego, al aspecto lúdico de su temperamento.
Los nativos de los signos de Fuego tienen también en común su carácter colérico, pero cada uno a su manera.
Aries estalla en gritos, pero no tarda en olvidar el motivo de su ira; una vez calmado, no guarda ningún rencor. Leo impresiona a la gente con sus gestos teatrales o devastadores; si se siente herido en su amor propio, no perdona. La cólera de Sagitario es súbita y muy violenta, pero cuando se ha calmado trata de hacerse perdonar.
Los tres signos están dominados por la pasión, y por tanto por la desmesura y el exceso. La pasión de Aries es como un fuego de paja: es ardiente, pero efímera. Necesita constantemente novedades. Anhela grandes aventuras excitantes que le estimulen y le permitan sentirse heroico. Es esencial para él encontrar un campo de batalla. La pasión de Leo tiene grandeza y énfasis, está teñida de dignidad y de nobleza. Es un fuego de llama alta, que se ve de lejos. Leo acomete grandes asuntos o grandes empresas: sólo eso le satisface. Vive sus pasiones con una confianza ciega y total en sí mismo. En cuanto a la pasión de Sagitario, es el fuego que deja rescoldo. Es menos llamativa, pero quizá más ardiente que la de los otros dos. Emite más calor que llama, es menos espectacular y más secreta. Se traduce en la atracción por el riesgo, el deseo de traspasar las fronteras que se le imponen. Tiene pasión por la vida misma y una confianza que le hace pensar que si es generoso con la vida, ella se lo devolverá con creces. Y a menudo es cierto. Es una pasión más controlada.

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Signo Leo