Los signos de Agua

Por oposición a los signos de Fuego, que representan el psiquismo activo, los signos de Agua representan el psiquismo pasivo, el inconsciente. Aquí todo es emoción, sensación, percepción. Los nativos de signos de Agua son como esponjas que absorben todo. Si hay fe en ellos es una fe sencilla, ingenua y crédula, o bien es la del místico que vive su comunión con Dios en una especie de quietud, al contrario que el místico de los signos de Fuego más fantástico, verdadero soldado de Dios.
El primer signo de Agua es Cáncer, cardinal y regido por la Luna. El nacido bajo este signo está profundamente unido a la infancia, es un sujeto al que cuesta más que a otros ingresar en el mundo adulto y desprenderse de los lazos maternos. Su inconsciente se halla por completo referido a la primera infancia, quizá incluso a la vida intrauterina. Compensa su nostalgia por un pasado ido para siempre mediante una intensa vida interior en la que recupera las sensaciones y las emociones pretéritas, tratando de construir un mundo que se parezca lo más posible al paraíso que ha perdido.
No es casual que la Luna rija este signo: es a la vez la imagen de la madre, la del sueño de los hombres y la de las fantasías nocturnas. En ella conviven lo imaginario y el regreso al seno materno: son los elementos que constituyen el sueño, actividad predilecta de Cáncer.
El segundo signo de Agua es Escorpio, que es fijo y está regido por Plutón. Al agua inocente del manantial de Cáncer sucede el agua muerta de los estanques, el agua subterránea y profunda de los pozos. Escorpio vive de su inconsciente y de él extrae su energía, que tiene una doble faceta: es el mundo turbio de los sentidos, con su ambigüedad perversa, pero es también esa inagotable fuente de creación y de energía que llamamos libido.
Plutón rige el signo. Plutón, dios de los infiernos, que reina sobre la muerte pero que es también el guardián de los tesoros del mundo. Para el hombre es el más poderoso de los dioses, y el más aterrador. Y en el inconsciente de Escorpio anidan la fascinación y el temor a lo desconocido.
Si Cáncer evita la regresión a la infancia mediante el vuelo imaginativo, Escorpio huye de la tentación suicida o destructiva mediante la trascendencia o la superación de sí mismo, a veces incluso a través del sacrificio. Y, como todos los que tratan de vivir por encima de sí mismos, Escorpio tiene intuiciones fulgurantes.

Piscis es signo mutable y está regido por Neptuno. En su caso, al referirnos al inconsciente no podemos hablar de fuente o de río, de estanque o de pozo: hay que hablar dé océanos y mares. Piscis es la vuelta a los orígenes y al inconsciente arcaico, vive sumergido en lo irracional. En él no actúa el impulso de la muerte sino el anhelo de fundirse en todo, colino la estatuilla de sal disuelta en el océano de la que habla la tradición budista.
Antes que pensar; el nativo de Piscis siente: su guía es la intuición. Se creen totalmente impregnados por el mundo exterior y sin embargo viven en su universo interior: por eso su relación con la realidad es tan difícil. Neptuno, el planeta que rige el signo, es también el dios del mar. No admite límites ni contención y es casi imposible de definir, ya que adopta todas las formas, todas las apariencias: es el misterio mismo.
Si el inconsciente de Cáncer bebe de la infancia y el de Escorpio de la libido, el de Piscis hunde sus raíces en la memoria misma de la humanidad, en el inconsciente colectivo del que nacen los mitos, las religiones y los símbolos.
En este panorama hemos visto definidos, mediante los elementos, los grandes nfiotores del alma humana. El Fuego nos ha dado la clave de su dinamismo y de su voluntad; la Tierra, de su encarnación y de su realización; el Aire, de su inteligencia y de su modo de comunicación; el Agua, finalmente, nos ha mostrado su universo psíquico sensible. Para comprender mejor el equilibrio de la arquitectura zodiacal, queda por ver cómo se relacionan entre sf los signos cardinales, fijos y mutables.
Así, los cuatro signos cardinales se oponen por pares en una cruz definida por Aries y Libra (signos de los equinoccios) y por Cáncer y Capricornio (signos de los solsticios). Los cuatro están movidos por la pasión. Aries es la pasión por la acción; su espontaneidad es ja de la voluntad, y encarna el impulso vital. Frente a él, Libra, es la pasión de la justicia; su espontaneidad es la del sentimiento, y encarna el equilibrio. Cáncer es la pasión de la memoria, y su espontaneidad es la de la imaginación; representa la inercia. Capricornio es la pasión por la profundidad; su espontaneidad es la de la reflexión y representa la fuerza.
Los cuatro signos fijos se oponen por pares en una cruz definida por el eje Tauro-Escorpio, o eje genésico, y por el eje Leo-Acuario. Los cuatro están movidos por la acción.
La acción de Tauro es constructora; es la mano del obrero o del artesano, y está al servicio de la vida (placer). La de Escorpio consiste en destruir para reconstruir de otra manera; es la mano del verdugo o del cirujano y está al servicio de la muerte (dolor). Leo tiene por acción reinar; su mano es la del que empuña un cetro, y su fuerza reside en la autoridad y la decisión. La acción de Acuario es la solidaridad universal; es la unión de las manos, y está al servicio del saber y la responsabilidad.
Los cuatro signos mutables se oponen por pares en una cruz definida por el eje Géminis-Sagitario y el eje Virgo-Piscis. Los cuatro están movidos por el juego y por la relación con el mundo.
La relación de Géminis parte de lo lejano para ir a lo cercano; es oportunista. La de Sagitario parte de lo cercano para ir a lo lejano; es idealista. La relación de Virgo se establece entre lo cercano y lo cercano; es realista.
Piscis establece su relación en el seno de lo lejano y no sale de allí; se mantiene en la irrealidad.
Pero estos cuatro signos son dobles y juegan continuamente entre ellos, pasando al otro lado y apropiándose de las características del signo situado enfrente. Así, Géminis puede ser idealista, Sagitario oportunista. Virgo no realista y Piscis realista. Por su movilidad intrínseca, nada en ellos está fijo. De ahí su complejidad y la dificultad que entraña aprehender su personalidad.

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