Las vidas anteriores

¿Tenemos una o varias vidas? ¿Estamos todos destinados a nacer y morir y renacer? ¿De dónde vienen las creencias en vidas anteriores?
Un cuerpo sin alma es algo monstruoso para nosotros. Tenemos miedo a la muerte y sobre todo a su representación física, material o espiritual. Sólo hay dos perspectivas que nos tranquilizan, que nos consuelan y nos hacen soñar: la supervivencia de nuestras almas después de su paso por la Tierra y los postulados de la reencarnación, tal como creemos conocerlos. En efecto, gracias a estas dos hipótesis esperamos y consideramos que nuestra alma se encarnará en este mundo y en otras épocas, que ya se ha reencarnado varias veces en el cuerpo de un hombre o una mujer y que adoptará todavía otras envolturas corpóreas después de la experiencia demasiado breve de nuestra vida actual. Sin embargo, dichas creencias son falsas.

Reencarnación y metempsicosis

Ciertamente, desde la más lejana Antigüedad hay testimonio de las creencias en los movimientos y desplazamientos del alma (metempsicosis), de la existencia del alma y su supervivencia fuera del cuerpo de carne y hueso. Se dan en civilizaciones diversas, entre muchas de las cuales no ha habido ningún contacto o relación. Para los hombres de la Antigüedad (sumerios, egipcios, hebreos, griegos) o los doctrinarios de la teoría de la reencarnación (budistas, tibetanos, hinduistas) el alma está sólo de paso en esta vida, viene de otro sitio, transitará al más allá y volverá, este ciclo de vidas sucesivas se considera una prueba, una condena eterna, una manipulación dirigida por dioses perversos, ángeles caídos y divinidades que han tomado poderes que no les pertenecen.

El Karma

Tanto para los hinduistas como para los budistas, lo que somos, nuestra existencia actual, el medio geográfico, social y cultural en el que nacemos, nuestras cualidades, debilidades, dones, limitaciones, nuestra parte del destino y la de nuestro libre albedrío, está todo escrito en nosotros desde que nacemos y es el resultado de nuestros actos pasados, cometidos en vidas anteriores. De la misma forma, nuestros pensamientos y actos presentes están contados, están escritos en nosotros y condicionarán nuestra o nuestras vidas futuras, nuestra o nuestras siguientes reencarnaciones. Según esta teoría, es evidente que no estamos en esta Tierra por primera vez, pero también queda patente que existe una especie de Justicia inmanente que sopesa el bien y el mal realizados durante cada una de las reencarnaciones y nos gratifica o no, según el caso. Por otro lado, señalemos que la creencia en la resurrección de los cristianos está muy cerca de las doctrinas de la reencarnación, tal como se anuncian en el hinduismo. Así, la Logion (o sentencia) 41 de Jesús en el Evangelio según Tomás -del que sabemos ahora que se trata del Evangelio original donde se inspiraron los cuatro evangelistas- enseña: «… al que tiene en su mano, se le dará; y a quien nada tiene, hasta lo poco que tiene, se le quitará».

¿Qué podemos hacer con nuestras vidas anteriores?

¿Debemos especular sobre nuestras vidas anteriores o futuras? Recordemos a la mujer de Lot, el sobrino de Abraham, que se instaló en Sodoma, en el valle del Jordán, con su marido e hijas. Huyendo de esta ciudad y desafiando los consejos de su marido, que había sido advertido por el ángel de Yahvé, la mujer se giró para ver Sodoma en llamas y se convirtió en una estatua de sal. A partir de esta leyenda obtenemos la conclusión de que nunca es bueno para el hombre o la mujer recrearse en su pasado. Aun teniéndolo, se trataría tan sólo de nostalgia. Por otro lado, si la noción de karma implica que todo lo que fuimos en el pasado está escrito en nosotros, entonces, todo el bien que hemos hecho y el mal que hemos cometido, lo que somos hoy es una síntesis viviente de todo ello.