La sirena

quiero ser sirena

Sirena


En medio del océano de los demonios y maravillas, no podemos hablar de la sirena sin pensar en la Diosa Blanca o en la Virgen de los cristianos.

Paradójicamente, parece que los cristianos tienen mucho que ver con la persistencia y la supervivencia del personaje mítico de la sirena. La saga homérica de Ulises, La odisea, es conocida en el mundo entero, y más especialmente la parte en que se relata la escena en la que Ulises -cuya nave entra en aguas donde habitan las sirenas, que, como dice la leyenda, son la causa de muchos naufragios- tapa con cera las orejas de sus compañeros para que no oigan el hechizo de los cantos de las sirenas. Pero Ulises, desafiando el peligro, se ata al mástil de su barco, sin poner cera en sus orejas para poder oír los cantos de las sirenas, sin ser víctima de ellos.

Ahora bien, Máximo, obispo de Turín desde el siglo V de nuestra era, retomó y comentó este relato escrito por Hornero, indudablemente catorce o quince siglos antes, y vio en él una fábula pagana que ilustraba la historia de Cristo en la cruz. En efecto, Ulises atado al mástil para resistir el peligro de las sirenas, mientras hizo tapar los oídos a sus compañeros para protegerles, puede compararse a Jesús levantado en la cruz para salvar el mundo del peligro del demonio, para los cristianos.

En todo caso, algunos letrados del siglo V, entre ellos Máximo de Turín, hicieron este paralelismo. Así fue como la fábula homérica de un Ulises resistiendo el canto de las sirenas, y el mito mismo de las sirenas, se introdujeron en Europa para ejercer una fascinación sobre los pueblos llamados paganos, que vieron en esta historia y en estos personajes reminiscencias de otros relatos y personajes procedentes de sus propios patrimonios culturales.

La sirena, la diosa blanca y la virgen

Desde que la religión cristiana se impuso en Occidente, y más particularmente en Europa, pero también desde que el cristianismo se ha extendido por todo el mundo, sabemos que algunas mujeres, y sobre todo las jóvenes, y también muchos niños aunque con menor frecuencia, han tenido apariciones de la Virgen, la «Hermosa» o la «Gran Señora Blanca», como a veces se la llama, algunas de las cuales han sido certificadas como auténticas después de llevarse a cabo unas investigaciones rigurosas y profundas por parte de las altas instancias del Vaticano.

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