La mujer Piscis

Con frecuencia la mujer Piscis es bella. Sus ojos turbadores atraen y fascinan. El óvalo de su rostro, de gran pureza, enmarca unos pómulos altos, una nariz recta y una boca finamente dibujada, quizá un poco demasiado fina.
Su voz posee un encanto indefinible, una vibración extraña que llega a lo más hondo del alma: es musical y seductora hasta cuando dice las cosas más intrascendentes. Embruja, sin que los que la oyen puedan comprender de dónde surge la magia que los envuelve de repente.
La mujer Piscis es más menuda que imponente, de actitudes delicadas y una especie de indecisión en sus movimientos, como si lo demasiado rotundo representase una irrupción brutal en su mundo, un poco irreal. Sin embargo, compone un conjunto armónico y musical: cuando baila lo hace con una gracia extraña y un poco contradictoria, como si la danza le sirviera para expresar su doble naturaleza y así tradujera los vínculos que la unen a la tierra a la vez que se eleva a las alturas.

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