La mujer Capricornio

La mujer Capricornio tiene más encanto que belleza, aunque haya nativas del signo dotadas de un raro poder de seducción, como Ava Gardner y Marlene Dietrich. Tiene una elegancia natural, la frente alta, la mirada un poco distante, imperiosa cuando se enfada, o animada por una pasión silenciosa que puede fulminar a quien mire. Prefiere hablar con los ojos antes que recurrir a las palabras. A menudo sus pómulos altos dan realce al rostro, un poco alargado y de nariz pequeña.
Aunque la diferenciación de los dos tipos de Capricornio es menos marcada en la mujer que en el hombre, se puede distinguir a la Capricornio de rasgos finos, nariz larga y porte aristocrático y la de aspecto más enérgico, con las facciones marcadas y la nariz corta y respingona.
Lo que siempre distingue a la mujer Capricornio es el surco profundo que muy pronto se le forma en cada lado de la boca. Tiene por otra parte un rostro extremadamente móvil, muy expresivo, que no sabe disimular la tristeza ni la alegría.
Envejece bien; a veces parece más joven, más plena, después de los cuarenta años que a los veinte: en la madurez se serena y comienza a adquirir confianza en sí misma, a perder alguno de sus arraigados complejos. La mujer Capricornio duda de su encanto más que cualquier otra y siempre se cree más fea de lo que es: cree que es lúcida, cuando en realidad sólo es severa consigo misma.
Es orgullosa y quiere que la amen por lo que es, sin recurrir a los artificios; hay que entender, en este rasgo, un rechazo al engaño y una extremada exigencia.

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