La momia de Tutankamón y la astrología

¿Fue un hallazgo maldito?

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Existe un acontecimiento importantísimo tanto histórico como desde la óptica de los grandes misterios: el descubrimiento de la momia del faraón egipcio Tutankamón, que tuvo lugar en el Valle de los Reyes en la mañana del 4 de noviembre de 1922 por el arqueólogo Howard Carter. Unos, días más tarde, el 26, fue abierta la tumba. Pero lo más llamativo es la supuesta maldición que afectó sus descubridores, ya que poco después un número inusual de personas que estaban relacionadas con este gran descubrimiento, entre ellas Lord Carnarvon, quien lo financió, fallecieron en «extrañas» circunstancias.

En la carta astral podemos ver el Sol y Júpiter conjuntos en el signo de Escorpio, y ello no podría encajar mejor, ya que estamos ante un acontecimiento profundamente afín a este signo: el hallazgo de una tumba (Escorpio rige sobre la muerte) perteneciente a una civilización desaparecida hacía varios milenios (también hablaríamos de la muerte en otro sentido) y todo el misterio asociado a esa supuesta, pero aparentemente real maldición vinculada con los faraones.

En realidad no estamos ante una carta astral siniestra o maléfica sino más bien todo lo contrario. El Sol se une a Júpiter y además forma unos excelentes trígonos con Urano y Plutón. Por tanto, tendríamos que decir que se trató de un acontecimiento de naturaleza positiva, no solo desde el punto de vista mundano, sino quizá también desde un prisma más espiritual o trascendente. Estamos ante algo que fue un motivo de alegría para todos en lo humano y en lo divino.

En los últimos tiempos ha sido cuestionada la hipótesis de la supuesta maldición de los faraones. Hoy se cree que todas esas muertes pudieron estar originadas por esporas y hongos que se conservaron durante milenios e infectaron a algunos exploradores.

Pues bien, esta carta astral confirma esta última teoría, al menos en parte. Marte aparece disonante con la Luna y Júpiter, y esta aflicción podría estar relacionada con las extrañas muertes, que se deberían no a una maldición, sino a un proceso infeccioso letal, mucho más relacionado con este planeta, que además se hallaba en Acuario, un signo vinculado con lo nuevo o lo diferente, en este caso microorganismos desconocidos en la época, que habrían causado la muerte de los exploradores.

El resto de las muertes que se produjeron seguramente fueron más bien fruto de la casualidad, como se tiende a pensar en la actualidad. Pero lo que está claro es que Urano y Plutón, que sí pudieron haber tenido algo que ver con alguna maldición, formaban, sin embargo, unos magníficos trígonos con el Sol y también entre sí, configurando entre los tres un gran trígono, que es uno de los mejores aspectos en astrología, y, por lo tanto, incompatible con una maldición o algo maléfico.

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