La manera de ser del hombre Aries

Psicológicamente, Aries aparece como un ser voluntarioso y valiente. Jamás se da por vencido: antes, prefiere morir. Su característica esencial es ser primario, es decir, que sus reacciones son inmediatas y espontáneas.

Nunca hace trampa, pero esa sinceridad le hace vulnerable. No comprende la mentira, la estafa o la traición y por ello, cuando descubre que ha sido engañado, su reacción puede ser fulminante. La violencia forma parte de su naturaleza, y sus arrebatos de cólera pueden ser peligrosos.

Pero es todo corazón, alguien capaz de dar todo por sus amigos. Es, en el sentido más noble del término, un aventurero, un hombre audaz que ama vivir peligrosamente y para quien la jubilación y la Seguridad Social no significan nada.

Necesita un objetivo, preferiblemente noble, algo estimulante de lo que no tenga que avergonzarse. Tiene el corazón «a la izquierda», y tendencias revolucionarias. Le atrae la acción política, hasta el día en que descubre que no todos los que se dedican a ella tienen las manos limpias. Entonces abandona, pues no tiene nada de hipócrita.

Su culto a la virilidad le juega a veces malas pasadas, le arrastra a acciones heroicas o actos sublimes que no contribuyen a su felicidad.

Puede ser genial, cuando no desconfía de su ignorancia. Su inteligencia está dominada por una percepción muy rápida, lo que le permite ganar tiempo sobre los demás. Debe desconfiar del fanatismo y de las simplificaciones apresuradas, a las que le arrastra su temor a la duda.

No acepta la vacilación, que, sin embargo, podría evitarle situaciones dolorosas: cuando las circunstancias le ponen en esa situación, puede llegar a sentirse anonadado.

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