La manera de ser de la mujer Virgo

Posee las mismas cualidades y defectos que el hombre del mismo signo, pero en ella aparecen más desarrollados sentimientos como la abnegación o la entrega. La mujer Virgo supera sus angustias mediante el altruismo. Si se encierra en sí misma se vuelve insoportable, obsesionándose con sus desgracias, rumiando sus decepciones y criticando al mundo entero. Al dedicar a los demás su tiempo y sus cuidados adquiere otra dimensión, semejándose a la diosa Démeter, responsable de la fecundidad de la Tierra.
En un momento de su vida, la mujer Virgo se percata de que ha obtenido la seguridad, ya sea en forma de una cuenta bancaria, de bienes o simplemente de un trabajo en el que ha sabido hacerse indispensable. Ha cumplido con su deber, y espera. Esa espera es lo que en su vida cobra en ocasiones un aspecto angustioso. Cuando todo está en orden, las cosas se fijan, el movimiento cesa. El movimiento supone desorden y entraña una exigencia de dinamismo. El poeta Léon-Paul Fargue ha escrito en su Apologie du désordre: «El orden es una llegada, el desorden es una partida»; y para la mujer Virgo es así: necesita llegar para estar segura.
No obstante, a veces siente que vive en un universo demasiado ordenado e intenta una salida hacia el mundo exterior. Sólo puede encontrar su equilibrio si logra librarse de su frialdad y superar su desconfianza, construyéndose una vida afectivamente satisfactoria y superándose a sí misma en el amor de quienes la necesitan.

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