La levitación y la bilocación

¿Puede el hombre volar por sus propios medios? ¿Puede el hombre encontrarse en un lugar y en otro, simultáneamente, en un mismo momento? Estas son las preguntas planteadas por los misteriosos
fenómenos de la levitación y de la bilocación.
Queramos o no, tenemos la necesidad de creer en los prodigios y los milagros, de ser algún día los sorprendidos testigos de fenómenos extraños, inexplicables, irracionales, que superan el entendimiento. Hasta tal punto es cierto esto, que, a pesar de los inmensos progresos obtenidos por los científicos desde hace más de un siglo, a pesar de las explicaciones lógicas, evidentes, ineludibles, que nos han aportado contribuyendo así a un mejor conocimiento de la vida, del mundo y del universo, persistimos en asirnos a ideas preconcebidas, a creencias sin fundamento. Aún peor, nos negamos a comprender lo que, sin embargo, tiene una simple explicación. Así pues, a pesar de los fabulosos instrumentos de comunicación que poseemos y las informaciones múltiples y variadas de que disponemos y que están casi al alcance de todos, tenemos un sentimiento de la ignorancia y no de conocimiento, que prevalece. Todo sucede como si el hombre se negara, a pesar suyo o inconscientemente, a ser sabio, por miedo a perder su capacidad de soñar, de creer y de maravillarse. Es cierto que la época en que vivimos está marcada por cierto desencanto, compensado con creces por la magia del cine. Por ejemplo, señalemos que actualmente, cada día somos más los que creemos que seguramente existen una vida y una inteligencia extrate-rrestre y que, pronto, entrará en contacto con nosotros. Hace veinte años, una hipótesis así hubiera parecido totalmente utópica. Actualmente, los mismos científicos, los astrofísicos sobre todo, se adhieren a ella. Es cierto que, mientras tanto, Steven Spielberg ha producido y realizado la película Encuentros en la tercera fase y que, en lo sucesivo, nuestra imaginación, impregnada de las imágenes de esta película, que confunde sueño con realidad, hace que esta hipótesis sea más que probable. Por nuestra parte, deploramos que el hombre tenga la memoria tan corta y que se abandone a la tendencia de arrojar por el camino las buenas ideas que tuvo en el pasado, con el pretexto de que ha encontrado otras, de las que por supuesto está orgulloso, con las que se identifica, aunque oculte todas sus fuentes de inspiración. En efecto, parece que está en la naturaleza humana el hecho de creer que su época es superior a las eras precedentes, que es vano referirse al pasado. Sin embargo, un estado de espíritu de este tipo acaba también por privarnos de futuro, de perspectivas, de aspiraciones y, por el mismo motivo, engendra un extraño complejo de autosatisfacción y de superioridad que se vuelve aplastante y sofocante, si no estamos de acuerdo con él, y que conduce de cabeza al desencanto y a la burla. Sin embargo, los misterios subsisten. Pero, por las razones que acabamos de exponer, no nos interesan si no es desde el ángulo de los cálculos y las medidas establecidas en función de reglas estrictas, rigurosas e inmutables. Por consiguiente, si algunos fenómenos no entran en el campo de una comprensión y una explicación racionales, que es el nuestro actualmente, negamos categóricamente su existencia. Como es el caso de la levitación y la bilocación.

¿Qué es la levitación?

De entrada, debemos subrayar que la palabra «levitación» apareció por primera vez a finales del siglo XVII -aunque que el propio fenómeno de la levitación se pierde en la noche de los tiempos- y que significa «acción de elevarse gracias a su ligereza». Ahora bien, en esa época, sir Isaac Newton, cuya famosa anécdota de la manzana sigue siendo célebre, introdujo la noción de la gravedad universal y de la fuerza de atracción de la Tierra. Se tenía que crear una palabra para distinguir el principio de gravedad, según el cual el hombre experimentaba la atracción de la Tierra, y el principio de levitación que le apartaba de ella. En efecto, el que levita posee esta facultad tan particular de poder despegarse del suelo y desplazarse físicamente en el aire, un poco como un pájaro, según un fenómeno rechazado por la ciencia, pero que no deja de ser una realidad excepcional, es cierto, pero tangible. Por otra parte, en el siglo XV, Teresa de Ávila, por todos conocida como santa Teresa de Jesús, estaba sujeta a la levitación en sus éxtasis místicos, tal como testimoniaron muchas monjas y científicos de aquel tiempo. En el siglo XVII, Giuseppe Desa, un monje franciscano italiano conocido con el nombre de José de Copertino, estaba también dotado para la levitación. Muchos testimonios cuentan que podía literalmente flotar desde la puerta de la iglesia hasta el altar y que se le veía volar con frecuencia y posarse en la rama de un olivo, donde se quedaba arrodillado rezando. Más recientemente, Anna Maria Turi, una periodista italiana que investigó hace poco tiempo las múltiples apariciones de la Virgen en el mundo y los fenómenos misteriosos que la rodean, describió el caso de un campesino italiano, nacido en 1922, en Stornarella, al que conoció, y que con regularidad, y a pesar suyo, estaba sujeto a dichas acrobacias místicas. Por último, destaquemos que, según una práctica ancestral, el yogui que consigue dominar la Anáhata-Chakra, llamada «chakra del corazón» porque se sitúa en la región de este órgano vital, adquiere el poder de la levitación.

¿Qué es la bilocación?

Se trata de un fenómeno más excepcional todavía que el de la levitación, muy conocido con el nombre de «don de la ubicuidad». El ser que lo posee es capaz de encontrarse, simultánea y físicamente, en dos sitios o lugares distintos, a veces bastante lejos el uno del otro. Un testimonio sorprendente de este tipo de fenómeno, relativamente contemporáneo porque data de 1925, nos presenta al Padre Pío, un capuchino italiano, cuya vida estuvo llena de prodigios. Así pues, habiendo prometido a su superior, monseñor Damiani, que estaría presente el día de su muerte para asistirle en sus últimos momentos, fue reconocido físicamente por personas que estaban en su lecho de muerte, mientras que también se encontraba a dos leguas de allí, como testimoniaron otras personas que se hallaban a su lado en aquel momento.

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