Intuición y premonición

La intuición es un efecto de la memoria. Está, pues, relacionada con el pasado. La premonición es una advertencia. Por tanto, entra en relación con el futuro. Tanto una como otra pueden ayudarnos a vivir mejor nuestro presente.
Para muchos de nosotros, tener una intuición o una premonición es una misma cosa. Por otro lado, se les puede añadir el presentimiento, al que se atribuye también el mismo significado. Sin embargo, a pesar de parecer exageradamente puntillosos en opinión de algunos, nos parece necesario otorgar a cada uno lo que le corresponde y distinguir una experiencia de otra.

¿Qué es una intuición?

A juzgar por el sentido etimológico de esta palabra, la intuición sería literalmente «una imagen reflejada en un espejo». Queremos destacar de paso que, por más inconcebible que pueda parecer, aunque dicha palabra no figure en casi ningún diccionario contemporáneo de psicoanálisis, nos vemos obligados a constatar que la intuición nos remite directamente al mito griego de Psique, a propósito del cual debemos recordar que se trata de una representación del alma, de donde viene su nombre (psykhé, en griego significa «alma»).
Según esta leyenda, tal como nos la cuenta Apuleyo en su Asno de oro o Libro de las metamorfosis, Psique es bella y feliz mientras se deja amar y ama sin mirar el objeto de su amor. Pero el día que intenta ver su rostro mediante una lámpara, puesto que siempre es durante la noche cuando Amor o Cupido la visita, lo pierde para siempre.
Esta leyenda ilustra perfectamente la verdadera naturaleza y el funcionamiento de la intuición que, al contrario de las ideas preconcebidas, no es un don que permita prever el futuro, sino una facultad innata, más o menos desarrollada o despierta, dependiendo de los individuos, que favorece una contemplación inmediata de lo que ocurre o debe ocurrir. Sin embargo, una visión de este tipo, instantánea, fuerte, evidente, espontánea, verdadera, jamás es permanente, sino que se desvanece. Algo así como si quisiéramos retener la imagen de una película; nos quedamos con la imagen pero ya no vemos la película.
Pero parece que fue en los siglos XVIII y XIX cuando el sentido profundo del término «intuición» sufrió una transformación o, más exactamente, una alteración o una deformación. En aquel entonces se asimiló al presentimiento, antes de ello se trataba simple y puramente de un fenómeno natural, espontáneo, producido por el alma humana, a través de la cual creemos estar unidos a otras almas, en una especie de memoria colectiva donde el pasado, el presente y el futuro se confunden y forman un todo indivisible y coherente. Esta memoria colectiva, en la que nos inspiramos todos inconscientemente, es reconocible por el lenguaje de los símbolos, común a todos los pueblos de la Tierra y a todas las mujeres y hombres que sueñan. En el plano físico, su equivalente es la memoria genética. Lo que viene a decir que al ser la intuición un fenómeno producido por el alma, inmersa dentro de la memoria individual, ella misma unida al océano de la memoria colectiva es, en realidad, un efecto de la memoria. Como tal, está pues sobre todo en relación con el pasado, la memoria colectiva que contiene todo lo que hemos visto, aprendido, comprendido y vivido desde que el mundo es mundo, donde somos lo que somos, desde tiempos inmemoriales, al menos si nos situamos en el plano de la memoria consciente.
Dicho de otra forma, un ser intuitivo, en el sentido auténtico del término, posee una memoria comparable a una especie de espejo, como en el mito de Psique, que le envía permanentemente una imagen de sí mismo de gran riqueza y belleza. En principio, mientras no lo deformemos con nuestros deseos y nuestra visión interpretativa, el mundo es bello, tan bello como nosotros, ya que ha sido creado a imagen nuestra. La intuición no es otra cosa que una reminiscencia, el ascenso en el campo de nuestra conciencia de un hecho, de una cosa que ya sabemos, que sabemos desde siempre y que nos vuelve en el momento oportuno.

Qué es una premonición?

En cuanto a la premonición, está totalmente orientada hacia el futuro, la previsión y la anticipación. Por ejemplo, a juzgar por su sentido etimológico, entra en analogía con los verbos «presagiar» y «predecir», «advertir» y «exhortar», pero sobre todo con «prevenir», que tanto puede entenderse en el sentido de la advertencia como de la prevención. Por eso, un sueño premonitorio es un sueño que previene, que nos advierte de algo que nos concierne directa o indirectamente. Al igual que la intuición, el sueño también es una función del alma. Sin embargo, en el impensable caos de la memoria individual y colectiva, tenemos que separar el grano de la paja, ya que sino estaríamos debatiéndonos constantemente entre sentimientos, impresiones y visiones contradictorias que nos harían perder la razón. De ahí que quien posea el don de la premonición -es decir, quien trabaje esta facultad innata y sin duda alguna inherente al alma humana, latente en cada uno de nosotros—, sabrá, por instinto o por lógica, explotar dicho fenómeno de la memoria que es la intuición, para advertirse de un hecho importante para él, que todavía no se ha producido, pero que seguramente se producirá, puesto que todo lleva hacia él.
Cuando el fenómeno de la premonición se manifiesta, podemos considerar que un hecho o acontecimiento ya está presente, en germen, en la memoria individual o colectiva. El sujeto que tiene la premonición del mismo recibe el mensaje o la advertencia para que pueda actuar o adoptar cierto comportamiento a título preventivo.
La premonición es entonces una especie de instrumentalización de la intuición o, si se prefiere, el ser explota el fenómeno de la intuición que no puede y no debe controlar jamás, si no quiere correr el riesgo de tener una visión deformada del mundo, de perder todo amor y toda motivación, tal como se nos cuenta en el mito de Psique, para prevenirse a sí mismo de lo que debe forzosamente saber o conocer.
Si lo que le ocurre es que se convierte en dueño de la intuición, entonces confunde angustia con premonición. En tal caso, efectivamente, se trata de sus deseos, ambiciones, miedos y esperanzas, los cuales dictan sus pensamientos más íntimos, no de la intuición, que ya ha perdido. En cambio, quien deja manifestar libremente los efectos de su memoria, como sus intuiciones, atada al pasado, busca los medios para explotar todas las riquezas que contiene para advertirse y prevenirse de acontecimientos o de la evolución natural de las cosas de la vida. Entonces tiene una conciencia del futuro y de su futuro en particular. Por ello, está en condiciones de vivir mejor su presente, donde pasado y futuro se encuentran, se mezclan en una suerte de alquimia espiritual y le informan.

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