Hechizo para averiguar cuál es el amado que nos depara el futuro

En la media noche del martes al miércoles, aquel que desee saber quién será la persona que el destino le depara, colocará, uno frente a otro, dos espejos de iguales dimensiones.

Frente a los espejos, pondrá sendas velas de color azul y las prenderá. Con la luz apagada la persona tomará asiento en un lugar donde pueda observar sin dificultad la superficie de los mismos, diciendo acto seguido y con voz clara esta frase:

«¡Ilumina, oh Lugh, oculos meos, ad virum quem nuptura sim videndum»

Tras recitar estas palabras, fijará la vista en el espejo de la izquierda y mirará al final de las imágenes de espejos que al tener al otro enfrente se producirán.

Allí, en el lugar más lejano y oscuro, es donde los dioses mostrarán el rostro de aquel que amará al oficiante.