Gigantes, ogros y cíclopes

En el universo de los demonios y las maravillas que acechan nuestros sueños ¿son los gigantes puro producto de nuestra imaginación o se trata de reminiscencias de una etapa de la evolución del hombre?
Los gigantes quizá sean simplemente representaciones de los fantasmas megalómanos de grandeza, supremacía y dominación, derivados de un complejo de superioridad que el ser humano tiende a desarrollar. Al menos los psicoanalistas sostienen esta tesis al respecto, basada en la leyenda mítica de los titanes.

Titanes y Titánides, los primeros hijos de la tierra

Según la mitología griega, los titanes y titánides fueron los 6 hijos, varones y hembras, de Urano, personificación del Cielo, y de Gea, Diosa-Madre de la Antigüedad griega, personificación de la Tierra. Según la Teogonia de He-síodo, Gea desempeña un papel preponderante en la cosmogonía griega, ya que aparece justo después del Caos (el gran desorden original) y justo antes de Eros (el Amor). Gea representa los elementos primordiales de la naturaleza que surge del caos inicial, a partir de los cuales aparecieron las primeras señales de vida y todas las formas de la Tierra. El mismo Urano, el Cielo, surgió de Gea, que le engendró para que la cubriera, y después se unió a él. La generación que surgió de la unión del Cielo y de la Tierra se componía evidentemente de seres gigantescos. Así, nacieron en primer lugar 6 titanes (Océano, Ceo, Crío, Hiperión, Jápeto y Cronos-Saturno), y luego 6 titánidas (Tía, Rea, Temis, Mnemósine, Febe y Tetis).
Sus hijos eran tan monstruosos para sus padres, que Urano tomó la decisión de esconderlos en las profundidades de la Tierra.
Vivían, pues, en el seno de su madre, sin ver la luz del día ni el Cielo. Esto no les impidió unirse entre sí y formar parejas incestuosas, algunas de las cuales serían los ancestros de los dioses y los hombres, también según la mitología griega, por supuesto, y más particularmente en este caso, según la Teogonia de Hesíodo.
Océano y Tetis se unieron para dar a luz a todos los ríos, todas las fuentes y todos los mares de la Tierra. Ceo y Febe se unieron a su vez para dar a luz a Leto, que se convertirá en la madre de Apolo y Artemisa, a los que engendró con Zeus-Júpiter. Hiperión y Tía se acoplaron para engendrar a Helio (el Sol), Selene (la Luna) y Eos (la Aurora). Cronos se casó con Rea, su hermana, después de haber asesinado a su padre y liberado a su madre. De su unión nació Zeus, que se convertirá en el dios supremo del Olimpo. Temis será una de las muchas esposas de Zeus. Considerada la diosa de la Ley eterna o de la Justicia inmanente, de su unión con ella nacerán las Horas y las Parcas, que mandarán sobre el destino de los hombres, así como Astrea, personificación de la Justicia de los hombres. Mne-mósine, personificación de la memoria, se unirá también a Zeus durante nueve noches seguidas, cuenta la leyenda, engendrando a nueve hijas: las Musas. Queda citar a Crío, el Carnero, que dio origen a la creación de las constelaciones y el zodíaco, y Jápeto, que hemos dejado para el final a propósito. Se casó con Clímene, una de sus sobrinas, puesto que era la hija de Océano y Tetis, y con ella tuvo cuatro hijos, entre los cuales estaban Atlante y Prometeo, cuyas leyendas míticas están relacionadas con los hombres. En efecto, Prometeo tuvo un hijo, Deucalión, que conoció la primera mujer, Pirra, y de su unión nació la raza humana. Por lo tanto, los seres humanos son descendientes de estos famosos titanes y titánides según la mitología griega, y parece que fueron las mujeres las que humanizaron a estos monstruos, puesto que uniéndose con una mujer, Jápeto, nieto del titán Jápeto, engendró a la Humanidad…

Los cíclopes, los primeros hijos del fuego de la tierra

Ciclope

Cíclope

Los titanes y las titánides tenían otros tres hermanos: los cíclopes. Estos son gigantes monstruosos que, como es sabido, tienen un solo ojo, pero también una gran habilidad manual y una fuerza colosal. Cada uno se asociaba a un aspecto de la tormenta: Brontes, personificaba al trueno; Estéropes, al relámpago, y Arges, al rayo. Ellos fueron los que apoyaron a Zeus-Júpiter para destronar a su padre, Cronos-Saturno, hijo de Urano, y al que finalmente entregaron estos tres elementos que se convertirían en los atributos de Zeus. Pero estos famosos cíclopes, cuya entrega y generosidad ponen de relieve sus leyendas, también donaron al dios del reino de las sombras, Hades-Plutón, el casco que, al ponérselo, le volvía invisible, y el tridente que hizo de Poseidón-Neptuno el dueño de los mares. Señalemos que en la mitología celta y germano-escandinava encontramos historias donde aparecen seres gigantescos, con un solo ojo, pero con comportamientos malos, violentos y destructores. Según estos relatos, poseían poderes extraordinarios, pero los empleaban para fines nefastos. Por eso, seguramente los cíclopes en los que Hornero se inspiró en La odisea eran estos últimos. En efecto, Polifemo, el cíclope que tenía prisionero a Ulises y a sus compañeros, aparecía como un ser deforme, malo y bestial. Probablemente, esta representación del cíclope sea el origen de la creencia en el «mal de ojo», mientras que los tres cíclopes, hijos de Gea y Urano, se muestran mucho más dóciles y podríamos decir que más civilizados.

El Ogro o el demonio de la Muerte

También el ogro es un ser gigantesco y terrorífico cuyo origen se halla en la mitología griega. Orkos o Orco es en efecto una personificación del demonio de la muerte, representado mediante un gigante barbudo de cabellera abundante e hirsuta. Tal vez fueron los etruscos quienes imaginaron este demonio que, en los griegos, se había asimilado rápidamente a Hades-Plutón. Sin embargo, en las tradiciones populares de toda Europa la imagen terrorífica del ogro sigue siendo omnipresente, y las fuerzas demoníacas y los comportamientos bárbaros que se le atribuyen están muy cerca de los del hombre lobo y del vampiro. El mismo ogro, incluso, suele ser un cíclope antropófago.