Gemas: el topacio

topacio azul

Topacio azul

Según un leyenda contada por Plinio el Viejo en su Historia natural, del siglo I de nuestra era, su nombre griego, topazus, topazion o topazon, derivaría de una palabra tomada de un dialecto africano, el de los trogloditas, antiguo pueblo del que no conocemos casi nada. Esta voz designaba una isla en el mar Rojo, llamada actualmente isla de San Juan y siuada frente a las costas egipcias, lugar donde se debió encontrar la piedra por primera vez. Si nos atenemos a la leyenda, esta isla estaba infestada de serpientes, guardadoras de estas piedras. Los fuegos de dichas piedras iluminaban la noche, dando a la isla, que casi siempre estaba cubierta por una espesa niebla, una claridad sobrenatural. A veces amarillo dorado, azul pálido o verde, el topacio es en realidad casi siempre incoloro. Sin embargo, esta famosa claridad que desafiaba a la noche y a las fuerzas de las tinieblas lo ha convertido en una piedra simbólica de la fe, la honestidad, la pureza, la rectitud y la lealtad.

Poderes y virtudes terapéuticas del topacio

También se suponía que aportaba riqueza, prosperidad, reconocimiento de los propios méritos, honor o gloria al que la llevaba.
Se creía igualmente que protegía contra la venganza o los espíritus maléficos. Sus virtudes terapéuticas eran muchas. Decían que hacía maravillas en todas las afecciones gripales, procedentes de virus, hepáticas y sanguíneas, pero también y sobre todo, en las enfermedades oculares. «Cuando alguien note que sus ojos se ensombrecen, debe dejar una piedra de topacio en vino durante tres días y tres noches. Por la noche, antes de acostarse, debe tocar sus ojos con dicho topacio rutilante para que penetre todo el líquido. La persona puede utilizar también este vino durante los cinco días siguientes de haber lavado la piedra. Cuando por la noche quiera tocar sus ojos con el vino, debe devolver la piedra al líquido. Debe realizar una nueva preparación con el vino y la piedra. Este es el mejor remedio para los ojos. Después de esta curación, volverá a tener claridad», escribió santa Hildegard von Bingen.

Volver a Gemas