El ritual más antiguo

Ante todo, será preciso aclarar que los rituales no son cosa liviana. Que se debe asumir la responsabilidad que implica el poner en movimiento ciertas energías cósmicas y que será conveniente que quien practique una ayuda de esta naturaleza tenga la convicción y la certeza de que lo inspira un sentimiento genuino, por un lado, y de que no hará daño a nadie, por el otro. A pesar de que aquello que contraríe esta ley difícilmente será concedido, es nuestra obligación comprometernos seriamente desde el principio, cuando estamos a punto de tomar la decisión de realizar o no este tipo de práctica.
En este caso, se trata de un antiguo procedimiento que debe llevarse a cabo preferentemente de madrugada, entre las 5:00 y las 6:00. Elija el día y el momento en que su alma se encuentre más embargada de sentimiento, ya que será requisito indispensable no desconcentrarse en absoluto de la imagen y, especialmente, del rostro de la persona que se desea atraer.
1. Escriba en un papel blanco su nombre y el de la persona, cruzados en diagonal; es decir, en forma de cruz como las que suelen utilizarse en las señales viales para indicar los pasos del ferrocarril.
Si puede, utilice tinta china roja y una lapicera de pluma, como las que se utilizaban años atrás.
2. Una vez que se haya secado bien y se haya doblado en cuatro, eche sobre el papel limadura de sus uñas, lograda con una lima de metal.
3. Envuelva el papel en una prenda de la persona amada. Si no cuenta con este elemento, reemplácela por una prenda suya; puede tratarse de algo íntimo o de un pañuelo, por ejemplo.
4. Deje que esos elementos reposen sobre una mesa, mientras usted permanece cerca, repitiendo mentalmente el nombre de la persona amada y visualizando la cruz con los nombres escritos. Este paso debe durar quince minutos como mínimo.
5. Coloque todo en un recipiente algo profundo. Vierta encima una generosa cantidad de miel, como para que la prenda quede totalmente cubierta.
6. Por último, esparza sobre la miel pétalos de rosas rojas o rosadas, de modo que toda la superficie sea tapizada por las flores.
Ubique su ofrenda en un lugar seguro, lejos de miradas indiscretas. Sobre un ropero o mueble será lo ideal. También puede guardarlo en un cajón al que sólo usted tenga acceso. Esta preparación puede mantenerse por mucho tiempo, todo el que usted considere necesario. Si en un futuro desea desprendrese de él, proceda del siguiente modo:
A. Si ha obtenido el amor de la persona a quien se dirigió el ritual y ya considera que no hace falta mantener una ofrenda o, bien, considera que no puede seguir teniendo un objeto de esas características en su casa sin que sea descubierto -o algún otro motivo, siempre vinculado a que usted logró el objetivo y está conforme con él- despréndase arrojando todo en una bolsa plástica. Mientras realiza esta operación, rece o agradezca el favor con que fue bendecido.
B. Si, sea cual fuere la razón, usted decide interrumpir los efectos de la ayuda porque ya no desea la correspondencia amorosa de esa persona, coloque todo en un recipiente metálico bien profundo, rocíelo con querosén o alcohol de quemar y quémelo mirando hacia el oeste. Luego, arroje las cenizas a una corriente de agua. Si no cuenta con esta posibilidad, una vez fríos, coloque todos los restos en una bolsa y llévela lejos de su casa. El universo se encargará de ordenar nuevamente esa energía, pero usted bien podría preguntarse cómo llegó a confundir algo pasajero con el gran amor.

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