El mundo de las hadas

¿Podría la vida ser un cuento de hadas? Seguramente sí. Si no fuera porque hemos eliminado la mayoría de esos cuentos -que actualmente se denominan cuentos de viejas con una mezcla de afecto, nostalgia y burla, lo que demuestra hasta qué punto carecen de seriedad para nuestra mirada lúcida y realista-, les hemos quitado su sentido, el sutil eco que pueden tener en nosotros, su papel de despertadores o iniciadores de la conciencia dormida de los seres, que ocupaban en un tiempo en que la transmisión del saber, del conocimiento, de las experiencias de la vida, se hacía oralmente, en vez de por escrito.

¿Qué se sabe sobre los cuentos de hadas, de los héroes, heroínas y de los personajes fantásticos que aparecen en ellos? ¿Son producto de la imaginación de los hombres y las mujeres del pasado, de un pasado tan lejano que hemos perdido hasta su origen y los motivos de estas creaciones, procedentes directamente de nuestros sueños comunes?, o bien ¿los inventaron algunos poetas ancestrales, que ya sabían transformar la realidad, a menudo demasiado brutal, en sueños más digeribles?

Sin duda, no lo llegaremos a saber nunca, pero podemos suponer que, como siempre sucede en la historia de la humanidad, en todo cuento, leyenda o mito, siempre hay una parte de verdad, de vivido, y una parte de sublimación, de especulación y de poesía pura. Intentemos, pues, tenerlo todo en cuenta y emprendamos juntos una búsqueda durante la cual tal vez consigamos demostrar que elfos, faunos, gnomos, genios, duendes, trasgos y todas las hadas del bosque existieron, o todavía existen…

¿Qué es el mundo de las Hadas?

Sobre todo, nunca digas la palabra hada en voz alta y tampoco la tengas demasiado tiempo en tu mente. En efecto, pronunciarla, a menudo es sinónimo de invocar lo que representa. Ahora bien, jamás se pueden suponer las intenciones, acciones o reacciones de estas criaturas imaginarias o del mundo de los duendes. Tanto son capaces de lo peor como de lo mejor, al ser su comportamiento incoherente, sus pensamientos y actitudes, sus obras y sus hazañas son imprevisibles. Según sus leyendas, su origen es angelical, divino o nigromántico. Se trata, por tanto, de ángeles caídos, que Dios, por Su clemencia, salvó de la destrucción y autorizó a vivir en la Tierra, o bien de divinidades que han descendido hasta la Tierra, viviendo al mismo tiempo en este mundo y en el Otro Mundo, o bien muertos vivientes, almas errantes, con un pie en la tumba y en el más allá y otro sobre la Tierra y en el mundo visible.

Sin embargo, en muchos aspectos, las hadas o duendes se parecen mucho a los espíritus de la naturaleza y a los genios que, a su vez, fueron el principio del concepto de la jerarquía de los ángeles -el ángel está, a su vez, relacionado con el cuerpo astral, como ya vimos en otra ocasión-. Por eso, las encontramos a menudo en los bosquecillos, los calveros, cerca de árboles centenarios, de fuentes o estanques, en el corazón de los bosques impenetrables, escondidas entre los altos heléchos y matorrales, o en la bruma, y por tanto son las dueñas de un lugar o sitio concreto y ejercen algunos poderes en correspondencia con las grandes fuerzas de la naturaleza y los elementos.

Sin embargo, las hadas, junto a elfos, gnomos, duendes y otros moradores de los bosques -en inglés, fairies-, presentan otras particularidades, que no encontramos en los genios, en los espíritus de la naturaleza ni en los ángeles: tienen cualidades humanas, a menudo desmedidas o caricaturescas. Por eso, los psicoanalistas Bruno Bettelheim, americano, y Marie-Louise Van Franz, alemana, vieron en los personajes de los cuentos de hadas características inherentes a los comportamientos humanos inconscientes.

Breve historia del mundo de las hadas y el origen de Halloween

Actualmente, sólo los bretones, los escoceses, los gallegos y los irlandeses han sabido preservar las tradiciones y creencias de la gran cultura celta.
Ahora bien, sabemos que los celtas se entregaban a los cultos a la naturaleza, que dedicaban a los grandes elementos naturales: los bosques, montañas, colinas, fuentes, ríos, lagos, estanques, plantas, hierbas, animales, etc. Uno de estos cultos tenía lugar durante la noche de samain, el 1 de noviembre, el primer día del año lunar celta.
Según la leyenda, aquella noche las hadas, herederas de los dioses y reinas de la magia, tanto maliciosas o malas como generosas y benévolas para con los humanos, abandonaban el mundo visible para volver a su universo, el reino mítico de Sid, el Otro Mundo. De tal modo, están especialmente activas y omnipresentes en los bosques, durante las noches de samain, y el pueblo celta parte a su encuentro para bailar, cantar y beber con ellas, casi siempre desnudos, festejando al mismo tiempo su nuevo año y el paso de las hadas de un mundo a otro. Este rito daría lugar a la famosa noche de Halloween que, en un principio, se celebraba en toda la Europa celta.