El Más Allá

¿Cómo entendemos actualmente el Más Allá? ¿Todavía creemos en él? En caso afirmativo, ¿bajo qué forma y por qué?
Tras hacer alusión a las visiones, creencias e interpretaciones del Más Allá de los antiguos, nos centraremos en sus representaciones en el mundo moderno.

Testimonios del Más Allá

Para quienes creen en el Más Allá no hay ninguna duda de que existe, aunque no tengamos pruebas tangibles o científicas en este campo de investigación. En cambio, hay una gran cantidad de testimonios sobre el asunto. Nos referimos, por ejemplo, a personas que han estado en coma profundo y avanzado, a causa de una enfermedad o accidente, o a otros que se les ha considerado clínicamente muertos pero que, gracias al progreso de la ciencia médica o milagrosamente, han vuelto a la vida. Se habla de milagro porque es científicamente inexplicable que estas personas hayan podido sobrevivir. En todos los casos, las personas que han salido de esta experiencia dolorosa, que la han sufrido sin tener conocimiento de experiencias semejantes vividas anteriormente por otras personas, sostienen un discurso relativamente similar. La doctora y psiquiatra americana Elisabeth Kübler-Ross -cuyos estudios sobre la muerte y los moribundos, iniciados en los años setenta y todavía en evolución, son desde entonces muy célebres- ha reunido numerosos testimonios procedentes de todo el mundo, facilitados por personas que han sido capaces de describir con bastante detalle todo lo que sucedía a su alrededor mientras estaban inmersas en un coma profundo o incluso, a veces, dadas por muertas. Y todo ello viviendo simultáneamente una experiencia individual edificante, durante la cual, según sus propias palabras, se sentían a menudo confusos, inquietos o sorprendidos, pero nunca aterrorizados. A partir de estos testimonios, resultado de lo que llaman en Estados Unidos las NDE (near death experiences, experiencias próximas a la muerte), queda demostrado que lo que conocemos como cuerpo astral, etéreo o fluido, existe… y que parece el vehículo del ser, cuya alma creemos ha abandonado. Sin embargo, aunque cada vez se dude menos de la fiabilidad de estos testimonios, y resulte ser cierto que se dan muchas coincidencias entre los testimonios de individuos que nunca se han conocido entre ellos, y aunque todo deja entrever que, para muchos de nosotros está aceptado que, después de la muerte llamada hoy en día clínica, se producen otros fenómenos parecidos a los de la vida -confirmando así lo que creían y explicaban los egipcios de la Antigüedad y, más recientemente, los lamas tibetanos-, a pesar de todo esto, nada nos demuestra, a partir de las citadas experiencias, que el Más Allá exista. En efecto, que una persona considerada clínicamente muerta vuelva a la vida, por excepcional que nos parezca, entra dentro de lo posible. Actualmente, no tenemos ningún testimonio de una persona muerta hace mil años, un siglo o, para ser más creíbles, hace sólo un mes, que haya vuelto para hablarnos de su propia experiencia y de lo que nos espera acaso a todos. «Qué extraño, verdad, que entre tantas miríadas de hombres que antes que nosotros han cruzado la puerta de las Tinieblas, ni uno solo vuelva para describirnos el camino que descubriremos únicamente al final de nuestro viaje», se preguntaba el poeta, astrólogo, filósofo y matemático persa Ornar Khayyám, a inicios del siglo XII. Evidentemente, eso nunca ha sucedido. Y cuando en las leyendas relativas a ciertos mitos ocurre que dioses o inmortales vuelven de entre los muertos, nunca es para testimoniar su experiencia en el reino de las sombras, sino para proseguir con su destino mítico en el reino de los vivos.

La trascomunicación

No obstante, quienes creen en el Más Allá se refieren a otros testimonios, tan numerosos como los precedentes, incluso hay más actualmente, que provienen esta vez de personas que han perdido uno o unos seres queridos de forma prematura y/o en circunstancias dramáticas, y que afirman que siguen en comunicación con ellos. Entramos aquí en el dominio de lo que se llamó espiritismo o de los médiums, sobre todo en el siglo XIX y durante la primera mitad del siglo XX, y que hoy día conocemos con el nombre de «fenómeno de la transcomunicación», cuyos principios y reglas están parcialmente establecidos. Según éstos, al margen de la idea ancestral del Más Allá como reino de los muertos, las almas, la otra vida, el Paraíso y el Infierno, sería posible entrar en contacto con cualquier forma de espíritu, sea de este mundo o de otro. Esta idea parte del postulado según el cual, en el universo y en el absoluto, el espíritu es superior a la materia y así, de alguna forma, inmortal. Cuando decimos «sería posible», nos referimos a las palabras de los adeptos a la transcomunicación instrumental, que creen que cada uno de nosotros puede fácilmente ponerse en condiciones de entrar en comunicación con los «espíritus».

Y si el Más Allá fuera simplemente otra vertiente de la vida?

Sean cuales sean las investigaciones, estudios y trabajos relacionados con el Más Allá, no podemos admitir con certeza que éste exista. En cierta forma, no podemos por menos que afirmar que, al vivir en un mundo cada vez más materialista, poco a poco nos privamos de una estrecha relación con las fuerzas de la naturaleza y de la vida en la Tierra. En cambio, nuestros antepasados, que vivían mucho más cerca de aquéllas, tenían una visión del Más Allá sin duda bastante fantasmagórica, pero paradójicamente más pura, más simple, más natural y más realista. Para ellos, era normal, por ejemplo, que los muertos se manifestasen aquí o allá, ya que existían puertas, pasajes, entre el mundo de los vivos y el de los muertos, entre lo visible y lo invisible, y que los vivos y los muertos podían cruzarlas a cada momento, a veces incluso sin ser conscientes de ello. Por las mismas razones, valía más honrar a los muertos para que viviesen en paz, por decirlo de alguna manera, y pudiesen eventualmente interceder en nuestro favor.
Tratar bien a los muertos significaba tratarse bien a uno mismo. Y vivir bien era asegurarse una vida tranquila en el Más Allá.
Del mismo modo que una montaña tiene una vertiente iluminada y otra inmersa en la oscuridad, ¿no será el Más Allá, después de todo, la otra vertiente de la vida?

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