El hombre Virgo y su manera de ser

El hombre Virgo clásico es minucioso, preciso, atento a los detalles, razonable a más no poder. Busca el orden, la medida y la lógica ante todo, lo que hace de él un trabajador excepcionalmente eficaz.
Dotado de gusto por la lectura y de gran curiosidad intelectual, acumula conocimientos en los terrenos más variados. El resultado es una cultura miscelánea, generalmente superficial, pero que impresiona, sobre todo si a ella se suma la excelente memoria que suele tener. Hay en él una mezcla de escepticismo, burlón y cáustico, y de sensibilidad por lo irracional, incluso por la superstición.
No consiente que se le interrumpa y, si alguien lo hace, no tarda en retomar el hilo de su razonamiento en el mismo punto donde lo había dejado. No es fácil discutir con él: además de muy crítico, es un hábil polemista, elocuente y persuasivo. Adora que le consulten y suele ser buen consejero. Los acontecimientos a menudo le dan la razón, pues tiene lógica, sentido común y perspicacia y, por otra parte, sabe confundir a los demás, calcular, ver más allá de las apariencias y lo inmediato.
La vida cotidiana con él no es fácil, pues a menudo es egoísta y maniático. Todo lo imprevisto le molesta. Sin embargo, en ciertas circunstancias su eficacia es incomparable, y es digno de toda confianza cuando se hace cargo de una situación. Cuando deja de lado su egocentrismo es capaz de una abnegación extrema. Y ésa no es la única paradoja en esta personalidad rica en contradicciones.
Todo lo que tiene el Virgo clásico de discreto lo tiene el Virgo vulcano de charlatán e indiscreto. Si uno se preocupa por calibrar todo en su justa medida, el otro quiere dislocar el universo de lo razonable y vivir en la desmesura, hasta llegar en ocasiones a lo genial. El conformismo de uno y su respeto por lo convencional, que le va como un guante, se convierte en el otro en un empeño por cuestionar los valores tradicionales, por la burla y la caricatura. Es el bufón que se ríe del poder y atraviesa el fuego sin quemarse, porque fascina con su inteligencia y su lucidez.

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