El hombre Piscis

Como en el caso de Acuario, se reconoce al hombre Piscis por su mirada. Pero esta vez no se trata de una mirada ingenua e infantil. La mirada del nativo de Piscis traspasa a los demás sin verlos, lo que le da un aire misterioso y lejano: vive completamente perdido en un universo propio, infinitamente lejos de un presente que le aburre.
Hay un Piscis flaco y huesudo, con el rostro alargado, pómulos altos, boca pequeña, barbilla puntiaguda, nariz afilada y ojos grandes y algo saltones. Su cuerpo es longilíneo, con brazos y piernas interminables.
Se da también un Piscis un poco entrado en carnes, pequeño y redondeado, de brazos cortos y gruesos, la cara redonda, los hombros carnosos y el cuello casi inexistente.
Frecuentemente, estos dos tipos se mezclan.
El hombre Piscis suele tener el cabello escaso y es proclive a la calvicie, lo que agranda una frente ya de por sí alta y despejada. La mirada, siempre soñadora, tiene sin embargo algo de frío e indefinible. Sus dientes son agudos y algo separados, como los de un tiburón. El Piscis flaco se mueve rápida y sigilosamente; su hermano de signo es más lento, pero tiene esa sorprendente agilidad que se da a veces en los gordos.
Ambos son linfáticos, aunque el primero es más nervioso que el segundo; tanto el uno como el otro necesitan tumbarse de vez en cuando y se «ausentan» en pleno movimiento.

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