El hombre lobo

Llamado Canis lupus, parece que el lobo hizo su aparición en Europa en el pleistoceno medio, es decir, ¡hace aproximadamente un millón de años! Pero el hombre lobo apareció en la mente de los hombres mucho más recientemente.

De entrada, precisemos que nuestros antepasados crearon este híbrido de hombre y lobo creyendo que se trataba de un lobo que tenía la capacidad de transformarse en hombre-lobo, y no al revés, como se cree hoy en día, desde que la literatura popular, a mediados del siglo xix, se apropió de esta antigua creencia, que data del II milenio de nuestra era, pero cuyos orígenes son seguramente más antiguos, ya que tal vez se remonten al período celta europeo e incluso aún más lejos.

Los probables orígenes de la licantropía

Parece que en ciertas creencias griegas —condenadas durante la Edad Media por la Iglesia, porque eran producto de culturas paganas y profanas-, se ha querido ver los abominables orígenes míticos de la licantropía, cuyo nombre de origen griego significa etimológicamente «hombre-lobo» (de lykos, lobo, y de anthropos, hombre). Sin embargo, el licántropo es un hombre-lobo, es decir, indudablemente un cazador de lobos, tal vez incluso alguien que come lobos, o un hombre que tiene la fuerza temible y temida, terrorífica por ser despiadada, del lobo. No se trata, pues, de un lobo-hombre, esta bestia monstruosa que sigue en la mente del hombre y de su imaginación, y que fue encarnado a la perfección por Jack Nicholson, y dirigida por el director americano Mike Nichols, en 1994, en su película Wolf porque este lobo-hombre presenta muchas similitudes con el mito del vampiro. Por lo tanto, su inspiración es mucho más reciente. De modo que la licantropía, en los siglos XVI y XVII, se consideraba un encantamiento, por el cual el individuo víctima de este mal y de esta metamorfosis era presa del Diablo y de los demonios, según las creencias religiosas de la época.
En realidad, dichas víctimas seguramente presentaban síntomas característicos de crisis de enajenación mental, de melancolía, de alucinaciones, de esquizofrenia o epilepsia. Por otro lado, algunas historias que datan de la misma época cuentan también los crímenes perpetrados por asesinos en serie, a los que se comparó con lobos errantes. De ahí a imaginar que se trataba de hombres transformados en lobos, sólo había un paso… En cambio, en una leyenda mítica griega, contada por Pausanias, un geógrafo griego del siglo II de nuestra era (su Itinerario de Grecia se considera una de las obras más importantes de la Antigüedad y su contenido nos muestra valiosas informaciones sobre la cultura y la vida de la Grecia antigua), aparece el rey Licaón de Arcadia, que después de haber ofrecido la carne de uno de sus hijos a Zeus, su huésped, pensando que con ello le honraba con dignidad, fue transformado en lobo por el dios supremo del Olimpo, escandalizado por dichas prácticas. Según esta leyenda, la licantropía se asimilaría a antropofagia. Y es interesante observar que también es en el siglo xvi cuando esta palabra se difunde por Europa. Pero los hombres-lobo fueron, también y sobre todo, guerreros feroces, que iban a la batalla aullando como lobos o vestidos con pieles de lobo. Estos hombres lobo no eran otros que los guerreros de Odín, a quien los anglosajones llamaban Wotan, padre de los dioses de la mitología germano-escandinava, dios de la guerra, pero al mismo tiempo dios de los poetas, de los muertos, de las ruinas, de la magia y del éxtasis. Los guerreros de Odín, por ejemplo los vikingos, eran considerados una verdadera horda salvaje, una horda de lobos. «Durante la Edad Media, en Es-candinavia, se cubrían con una piel de lobo para transformarse en este animal y Snorri habla de guerreros odínicos que se volvían furiosos como lobos y osos.» (Diccionario de mitología germano-escandinava, Rudolf Simek, 1996.)
Además, el chamán que rendía culto extático a Odín solía «transformarse» en lobo. Finalmente, a los guerreros de Odín se les llamaba berserkir, es decir, «hombres vestidos con pieles de lobos». A esos hechos históricos, que nos remontan a los orígenes inherentes del «hombre-lobo», deberemos añadir otra creencia que sigue presente en la memoria colectiva y cultural de los noruegos, los suecos, los alemanes e incluso los ingleses. Se trata de la leyenda del caballero fantasma, que aparecía a la cabeza de una horda salvaje de espíritus durante los 12 días siguientes al solsticio de invierno, día que más tarde se sustituyó por la fiesta cristiana de Navidad. Este caballero fantasma no era otro que Odín o Wotan, y el ejército de espíritus que dirigía se componía de perros o lobos y caballos salvajes. Las comunidades nórdicas exorcizaban sus miedos y angustias atávicas de la muerte con esta aparición terrorífica, que se manifestaba cada año, en una fecha determinada, y se materializaba en forma de huracanes.
Como vemos, jamás un hombre se ha transformado en lobo. Pero sabemos perfectamente que «el hombre es un lobo para el hombre». Parece que nuestros antepasados lo sabían mejor que nosotros. De tal modo se las ingeniaron para no olvidarlo jamás.