El hombre Géminis y su manera de ser

Para poder comprender al hombre Géminis, y su signo complejo por excelencia, es preciso comprender su naturaleza mercuriana, aérea y doble. El juego está en la raíz misma de sus actos y de sus reacciones. No se toma nada a la tremenda y se adapta con facilidad a todas las circunstancias, sin permitir que nadie le estorbe. Se quita de encima sin remordimientos a los que tienen el mal gusto de molestarle o de ser un lastre en su vida, y no le importa si para ello tiene que recurrir a la mala fe.
No le molesta ser oportunista: sabe defender sus intereses y, cuando le reprochan su egoísmo, sale del paso con una alegre pirueta. Su fuerza radica en su capacidad para desconcertar. Vive el instante por encima de todo, y puede cambiar de opinión según el tiempo que haga o el humor que tenga. No tiene miramientos con nadie, ni con los más allegados: piensa que cualquiera puede defenderse y que, después de todo, no hay compasión para los débiles.
Los nativos de Géminis asestan buenos golpes con desenvoltura, aunque luego se muestren tiernos y mimosos y logren hacerse perdonar. A veces es irritante el tono perentorio que adoptan y la seguridad y desparpajo con que se manifiestan, sin que ello les impida a continuación admitir de buen grado sus errores, si sejes pone ante la evidencia.
Tienen la reputación de ser inestables y superficiales. Quizá haya que ver en eso sólo una manera fácil de desalentar a los inoportunos y, sobre todo, de defenderse diciendo lo primero que se les pasa por la cabeza. A cambio, siempre se inclinan ante una inteligencia que consideren superior a la suya. Quizá su inestabilidad no sea sino fantasía y una negativa profunda a dejarse influir por el medio y los condicionamientos, a formar parte del rebaño: escapan como pueden.
El problema para Géminis reside en la dificultad que tiene para distanciarse de sí mismo, sin poder evitar verse a través de los ojos de los demás.
Como un funámbulo en la cuerda floja, experimenta un placer perverso en poner en peligro lo que le da seguridad. Odia el «confort intelectual», según palabras de Jean-Paul Sartre, uno de los representantes célebres de este signo.