El hombre Escorpio y su salud

Dotado de una salud de hierro, el hombre Escorpio no puede comprender cómo se puede estar enfermo. Es capaz de padecer mil achaques sin que por ello disminuya su actividad. Hay en él una alquimia misteriosa que le permite encontrar en sus propios trastornos una fuerza de regeneración poco común. Le pase lo que le pase, siempre sigue en pie.
Extrae su energía de la libido. Aunque no es frecuente, su excesiva ansiedad puede producirle impotencia. Está también expuesto a enfermedades del aparato genitourinario y a padecer hemorroides o fístulas anales. No debe en ningún caso ceder a su propensión a despreciar sus dolencias.
Otro punto débil de su anatomía es la nariz. A menudo sufre de sinusitis, rinitis o desviación de tabique, que puede obligarle a recurrir a la cirugía estética.
Pero su mayor peligro reside en él mismo, en su tendencia autodestructora, en la fascinación que sobre él ejerce la muerte: en una palabra, en su atracción por el abismo.
Sus problemas son más psicológicos que físicos o, cuando menos, éstos tienen claramente su origen en aquéllos. Es la razón por la que a Escorpio le conviene someterse, y mejor si es joven, a un tratamiento psicoanalítico: prescindiendo de sus aspectos benéficos, es una experiencia fascinante para un hombre consciente desde muy temprana edad de que hay en él pulsiones peligrosas para sí mismo y para aquellos a quienes ama.
El hombre Escorpio necesita la actividad, dar salida a su energía. Está dotado para las artes marciales como el judo, el kárate o el tae-kwondo. También le gustan el boxeo y el tiro con arco, es decir, ejercicios que requieren atención y concentración.
En el aspecto dietético, diremos que es poco dado a la glotonería, y rara vez tiene problemas de peso. Es sobrio hasta rozar el ascetismo, con un gusto muy marcado por los alimentos naturales, lo que se corresponde con sus pulsiones suicidas más o menos disfrazadas. Le conviene evitar los excitantes y todo lo que pueda irritar las mucosas, y moderar su gusto por la guindilla, la pimienta, la mostaza y todo lo picante.
Su medicamento homeopático es la Calcárea sulpharica.

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