El hombre Capricornio y su salud

Como el hombre Capricornio está dotado de una buena resistencia nerviosa, que además mejora con los años, envejece bien. Sin embargo, tiene una fuerte propensión a la artritis, al reuma y, en general, a enfermedades de los huesos.
Es emotivo, pero se controla; es violento, pero se reprime. Ese temperamento hace que sea a menudo víctima de lo que Conrad Moriquand denomina «los humores crasos de Capricornio»: eczemas, herpes, psoriasis, urticaria, sabañones, etc. En su piel, seca y delicada, se manifiestan sus variaciones de humor.
Pero es mejor que tenga esa vía de escape, que le libera de sus tensiones internas, pues en otro caso correría el peligro de contraer enfermedades mucho más graves, generalmente de tipo intestinal. El nativo de este signo es propenso a la lentitud en los cambios fisiológicos. Si lleva una vida sedentaria, su organismo se anquilosa, no tarda en autointoxicarse y aparecen la esclerosis y los trastornos circulatorios.
La tradición le atribuye un punto débil: las rodillas. Y, de hecho, tiene más tendencia que los nacidos en otros signos a herírselas, a los derrames sinoviales y al reumatismo.
La paradoja de Capricornio es que su organismo envejece prematuramente, pero en cambio sabe administrar cada vez mejor sus energías: es su manera de burlar la muerte.
Capricornio no es un hipocondríaco como pueda serlo el nativo de Cáncer. Lo es en segundo grado, porque tiene tanto miedo a la enfermedad que prefiere hacer como el avestruz, negarse a ir al médico por temor a que le diagnostiquen algo grave. Ante una verdadera enfermedad, o bien lucha denodadamente para recuperar la salud, o bien se entrega a ella totalmente desanimado. Tiene inclinación a tratar despectivamente sus pequeñas dolencias.
Conoce bastante bien sus límites y sabe organizar su actividad en función de ellos. Pero cuando se ve obligado a una vida profesional sobrecargada, comienza poco a poco a excederse. Sobreestima su resistencia nerviosa y cuando cae es el primero en sorprenderse y en enfadarse, además, pues no se concede el derecho a estar enfermo.
Debe, por tanto, seguir su propio ritmo y darse de vez en cuando un poco de reposo o, en su defecto, cambiar de actividad. Le conviene pasear, preferentemente por el campo. Como todos los nativos de signos terrestres, necesita estar en contacto con la naturaleza y llevar una vida sencilla. Cuanto más «siga» al Sol, levantándose y acostándose con él, mejor se encontrará.
Debe beber mucha agua y comer queso, que es rico en calcio (sobre todo el de cabra). No le conviene abusar de las verduras crudas, porque sus intestinos no soportan un exceso de celulosa, tampoco de los alimentos grasos ni, en general, de nada indigesto. El repollo y la col lombarda están muy indicados para él, así como el pomelo, las cerezas y todas las frutas que favorezcan la eliminación de residuos. Un tazón de caldo de apio cada día y un poco de gimnasia cotidiana harán milagros con su salud. Es muy importante que no descuide el ejercicio físico, para que no se anquilosen sus articulaciones y para activar la circulación sanguínea.
Su remedio homeopático es la Calcárea phosporica.

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