El hombre Capricornio y el Amor

El hombre Capricornio es desconfiado, pues tiene miedo a sufrir y a que lo abandonen. Avanza de puntillas en el amor, receloso, lleno de sospechas y a menudo arisco. Como además es un moralista, da la impresión de que está juzgando a los demás, lo que no es del todo cierto.
Esta psicología complicada hace que con frecuencia se mantenga soltero. A Capricornio le cuesta tanto decidirse, confiar, asegurarse de que no se está equivocando, que es fiel a fuerza de no querer comprometerse. Una vez que ha optado por una mujer, no rectifica si no es al precio de mucho esfuerzo y sufrimiento. Le gusta lo estable y le tranquilizan los hábitos regulares hasta en el amor. Le cuesta exteriorizar sus sentimientos: a su pareja le tiene que bastar con que le diga que la ama la primera vez. En contrapartida, necesita afecto. Existe, pues, un Capricornio indiferente, que vive apaciblemente su celibato (con ocasionales desahogos, pero sin entregarse al amor), y otro, más femenino, que pide y da ternura, que cuando baja sus defensas se muestra infinitamente afectuoso y delicado; eso sí, siempre con un poco de pudor.
Debe desconfiar de su memoria, de su apego a los recuerdos, saliendo de sí mismo para comprender que la felicidad perfecta es inalcanzable y que sólo podemos obtener una satisfacción afectiva en la medida en que nos volcamos en otro.
El problema de Capricornio es que su madurez afectiva suele ser mucho más tardía que la psíquica e intelectual: es el perfecto marido para los matrimonios tardíos.

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