El Hombre Aries

Cómo reconocer al hombre Aries

Aries camina a grandes pasos. Es el hombre apurado por excelencia, que sube las escaleras de dos en dos y que antes de llegar a la puerta ya se ha quitado el abrigo. Habla rápidamente, y su tono es seco como un latigazo, cortante y preciso.

Su mirada, penetrante y directa, impresiona. Jamás desvía los ojos cuando se dirige a alguien, y es imposible escapar a su dominio. Sin embargo, cuando ríe, entrecierra los ojos coquetamente y su mirada reluce.

Hay algo de bonachón en ese rostro extremadamente móvil y expresivo, de sonrisa un poco feroz.

El cuerpo, seco, nervioso, todo músculo, suele ser atlético. Las manos son grandes, nudosas. La tradición dice que es pelirrojo o de cabellos crespos y negros, ensortijados corno los de un cordero.

A menudo balancea la cabeza al caminar. Tiene muy marcadas las arrugas de la cara, con un pliegue vertical entre los ojos, hundidos en las órbitas. La nariz es poderosa, aquilina y muy marcada, como todo su rostro, que desprende virilidad.

La boca es fina y firme, con los labios a menudo apretados, sobre todo cuando concentra su atención. Sus gestos son bruscos, como su manera de decir las cosas: es torpe cuando se conmueve. Rezuma energía, fuerza y vitalidad.

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