El hombre Acuario y su salud

El hombre Acuario tiene poca resistencia, por lo que debe evitar a cualquier precio el agotamiento. Es propenso a mareos, vértigos y desmayos. Es un hombre emotivo y sensitivo, que palidece lo mismo de ira que de sorpresa.
Su punto débil es el aparato circulatorio: está expuesto a las varices, las úlceras varicosas, las hemorroides y, en la madurez, a la arterioesclerosis. Padece cierta predisposición a la anemia, sobre todo en la juventud. El corazón le juega a veces malas pasadas, debido a su temperamento nervioso y a la debilidad de sus vasos y arterias, o también al agotamiento, cuando ha excedido sus límites.
Entre los trastornos más graves que pueden afectarle figuran la parálisis, la hemiplejía y, en general, enfermedades del aparato locomotor. Entre los más benignos están el insomnio, los esguinces, las terceduras y todo lo que se refiere a los tobillos y a las piernas. Rara vez su visión es perfecta: en este signo hay una buena cantidad de miopes, astigmáticos y, en general, individuos con defectos en la vista.
Los nativos de Acuario están expuestos a los accidentes automovilísticos porque, si bien son buenos conductores, les gusta demasiado la velocidad y tienden a los fallos de atención, característica esta última propiciada por la discontinuidad de Urano, el planeta que rige el signo.
De la misma manera, este ser dulce e indulgente presenta con frecuencia sorprendentes accesos de cólera, así como manifestaciones de tipo paranoico.
El hombre Acuario debe cuidar su sueño, pues de él obtiene buena parte de su equilibrio. Con la edad aprende a sacar partido de sus insomnios cultivándose y leyendo, pero debe evitar el alcohol, el café y los excitantes.
El aburrimiento es el peor enemigo de su salud, por lo que le conviene efectuar frecuentes interrupciones en su trabajo, tomarse de vez en cuando unos minutos de descanso y, sobre todo, no caer en la rutina.
Tiene demasiada tendencia a olvidarse del mundo que le rodea. Si nadie le recuerda que debe alimentarse, dormir o pasear, es capaz de pasarse días y días enfrascado en sus libros.
Le convienen los alimentos ricos en fósforo, como el pescado, y también en magnesio, hierro y vitaminas. La fruta, que tiende a olvidar, le beneficia.
No le gustan los platos complicados o demasiado suculentos. Como necesita la diversidad, le gusta picotear aquí y allá: le encanta la cocina china, los entremeses y los dulces.
El tenis, el esquí, el tenis de mesa, la esgrima y todos los deportes que requieran destreza y concentración son excelentes para él.
Su remedio homeopático es el Natrum muriaticum, que compensa su tendencia a la anemia.

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