El Diablo

El Diablo es el personaje maldito, el ángel caído en desgracia convertido en príncipe de la tinieblas que representa lo oscuro, lo malo, lo siniestro.
Su intención es tentar a todo el que se ponga por delante y llevarle hacia su terreno. El diablo no solo percibe lo superficial sino que se adentra en la naturaleza oculta de las cosas. Para entender su significado hay que olvidarse de ideas preconcebidas o de supersticiones. Estamos ante la carta que libera todo tipo de restricción moral.
En la naturaleza viene asociado a la oscuridad de las cuevas, las cimas más inaccesibles de las altas montañas y el frío del invierno. También las fuerzas que mueven todo en la naturaleza, tanto en su aspecto positivo como el negativo y, a su vez, el antagonismo entre el bien y el mal.

Simbología

En esta carta aparecen representados tres seres adornados con extravagantes tocados relacionados con el reino vegetal. Entre los tres destaca la figura central, el Diablo, con unas pequeñas alas de murciélago con las que no le sería posible volar, afiladas garras en sus manos y pies y un casco con sus inconfundibles cuernos. Está subido en un pedestal y en su mano izquierda lleva una espada desenvainada en clara alusión a las pasiones desatadas, al poder. Con la derecha en alto, parece que hace una señal que llama a detenerse o podría parecer que saluda con una sonnsa, como en tono de burla.
Los otros dos seres, un hombre y una mujer de aspecto bestial, con orejas puntiagudas, cuernos y rabo, están atados a un pedestal de piedra por una cuerda. Están relacionados con la parte «animal» que cada uno de nosotros escondemos en nuestro interior y que cuando se manifiesta, hace que perdamos de vista las cosas buenas de la vida.
• El Diablo nos lleva a…
• Un tiempo de miedos e inseguridades.
• Advertir que nuestro bienestar es simplemente aparente. Pero tenemos la opción de mejorar si actuamos en consecuencia.
• Darte cuenta de que todas las ataduras que tienes en tu día a día te las has creado tú. También de ti depende soltarlas y liberarte.
• Recordarnos la fragilidad y la falta de voluntad que poseemos los seres humanos.

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