Conjuro medieval contra daños y maleficios

hechizos

Queimada gallega

La Queimada

La Queimada es un ritual gallego, de origen celta, que las meigas medievales -hechiceras gallegas- realizaban con frecuencia para alejar los maleficios, daños y especialmente para combatir el mal de ojo.
Para llevar a cabo la Queimada es preciso contar con un caldero o recipiente de hierro -puede ser también de cobre o barro cocido- medio litro de aguardiente, una pizca de ruda macho, otra de ruda hembra, un cucharón de madera y siete cucharadas de miel.
Se debe encender una fogata, si es posible al aire libre, y poner a calentar todos los ingredientes ya mencionados en el caldero, mientras se recita la súplica que figura líneas abajo.
Si se desea se puede escribir en un papel aquello de lo cual deseamos liberarnos (por ejemplo, una enfermedad, un viejo amor, etc.) y arrojar el mismo a las llamas durante la ceremonia.
Antes que el aguardiente suelte el hervor se retira el caldero del fuego y se bebe un sorbo del brebaje, para quedar así a salvo de todo mal.
Este ritual es más efectivo si participan más de tres personas en el mismo.

Súplica de la Queimada, para ahuyentar a los malos espíritus

Culebras, lechuzas, sapos y brujas.
Demonios, duendes y gigantes,
espíritus de las nevadas planicies.
Cuervos de las oscuras tinieblas,
hechizos de las malas hechiceras.
Perdidas mujeres sin destino,
que se quemarán en la hoguera con larvas y desechos.
Fuego de las Santas Campiñas,
mal de ojo y negros maleficios.
Olor a muerto. ¡Oh! truenos y rayos.
Aullidos de perros, discurso de espanto;
hocico de sátiro y pie de conejo.
Pecadora lengua de mala mujer
casada con un hombre viejo.
Infierno de Satanás y Belcebú.
Fuego de cadáveres ardientes.
Cuerpos mutilados de indecentes.
Gritos del mar enfurecido.
Vientre inútil de mujer soltera.
Maullar de gatos por las cornisas.
Balar de ovejas por las praderas.
Con esta antorcha alzaré
las llamas de este fuego
que se asemejan a las llamas del infierno,
y huirán las brujas
montadas en escobas
yéndose a bañar a la playa
de las arenas gruesas.
¡Oíd! ¡Oíd! Los rugidos
que dan los que no pueden
dejar de quemarse en el aguardiente
quedando así purificados.
Y cuando este brebaje baje
por nuestras gargantas,
quedaremos libres de los males
de nuestra alma y de todo embrujamiento.
Fuerzas del aire, tierra, mar y fuego,
es a vosotros que hacemos el pedido:
Si en verdad tenéis más poder
que la humana gente.
Aquí y ahora, espantad a los espíritus
de nuestros amigos poseídos
participando con nosotros de esta
queimada.