Brujería en Inglaterra y Escocia

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La práctica de «hacer nadar» a una bruja. Si se hundía era inocente pero se podía ahogar; si flotaba era culpable; grabado en madera del siglo XVI.

En la Europa continental, las acusaciones de brujería se encontraban, con frecuencia, entremezcladas con los cargos de herejía. Las acusaciones inglesas y escocesas, en cambio, tenían más que ver con la baja magia y la hechicería —con maldiciones preferidas contra niños pequeños y animales de granja, o embrujos encaminados a provocar daños o enfermedades—, A menudo se acusaba a las brujas de educar a sus familiares en la brujería. Ciertas pruebas demostraban la práctica de la brujería, como el «hacer nadar» a una bruja, a la que se ataba de manos y pies y se lanzaba a aguas profundas: si se hundía, quedaba demostrado que el agua de Dios la había aceptado y entonces era arrastrada hacia la orilla, aunque a menudo se ahogaba en el proceso; si flotaba era culpable. Otra técnica era la «punción»: se pinchaba todo el cuerpo de la bruja a fin de detectar la «marca del diablo», que se decía era insensible al dolor.
Durante el reinado de Isabel I (1558-1603), la preocupación por la brujería quedó más amortiguada. El doctor John Dee, un astrólogo, tenía una influencia notable en la corte, pues se le había solicitado el cálculo de una fecha propicia para la coronación de la reina. Sin embargo, en 1563 Isabel promulgó un estatuto en el que ordenaba la pena de muerte para las brujas y los hechiceros. En esta ley se consideraba una felonía la invocación de los espíritus malignos para cualquier propósito, independientemente del daño que pudieran provocar. Castigados por la ley civil antes que por la eclesiástica, a los individuos convictos se les ahorcaba y no se les condenaba a la hoguera. En Inglaterra se ahorcó a unas mil brujas durante este período. El primer gran juicio bajo este estatuto se celebró en Chelmsford, en Essex, en 1566.
Durante los siglos XVI y XVII los juzgados de Chelmsford celebraron cuatro grandes juicios de brujería. En el primero condenaron a tres mujeres: Elizabeth Francis, Agnes Waterhouse y la hija de Agnes, Joan Waterhouse, todas ellas del pueblo de Hatfield Peverell. Se las acusaba de tener un gato con manchas blancas, Sathan, que era familiar de una bruja y capaz de hablar por estar poseído por el diablo. Francis confesó haber sido instruida en la brujería por su abuela, la madre Eva, quien le enseñó a renunciar a Dios y a dar su sangre al diablo. También confesó haber embrujado al bebé de William Auger, que «se volvió decrépito».
A Francis se la sentenció a un año en prisión. Agnes Waterhouse testificó que había embrujado a una persona, William Fyness, quien posteriormente murió, y había enviado a su gato a destruir el ganado y los gansos de su vecino. Joan Waterhouse, por su parte, fue acusada de embrujar a la niña de doce años Agnes Brown, cuyo brazo y pierna derechos se volvieron «decrépitos». A Joan se la absolvió, pero a su madre la culparon de «embrujar hasta la muerte» y fue ahorcada el 29 de julio de 1566 —la primera mujer condenada a muerte en Inglaterra por brujería.
En el segundo y tercer juicios de Chelmsford, en 1579, se acusó a cuatro mujeres de brujería —una de ellas era Elizabeth Francis—. Los cargos incluían dos casos de embrujamiento que habían provocado la muerte de personas y la acusación de embrujar a un caballo castrado y a una vaca, que murieron. Tres de las cuatro brujas, incluida a Francis, fueron ahorcadas.
El cuarto gran juicio de Chelmsford, en 1645, fue instigado por el famoso «buscador de brujas» y puritano Matthew Hopkins, que se ganaba la vida viajando por el país, alentando el miedo a las brujas y recogiendo pagos de las comunidades por cada acusación con éxito. Hopkins se convirtió en uno de los hombres más temidos en los condados del este y, como observó Wallace Notestein, «envió al cadalso a más brujas que todos los demás cazadores de brujas en los 160 años durante los que esta persecución floreció en Inglaterra». Hopkins creía en el rey Jacobo VI de Escocia, quien afirmaba en su Daemonologie (1597) que la manifestación más importante de una bruja era que mantenía a sus «familiares» y que les amamantaba a través de una «marca de bruja» en su cuerpo.
No se sabe a cuántas personas acusó Hopkins en Chelmsford, pero el calendario de la cárcel y los panfletos publicados después de los juicios mencionaban a 38 hombres y mujeres, con 29 condenados.
Jacobo VI (quien también reinó como Jacobo I de Inglaterra a partir de 1603) se había convertido en un instruido defensor de la caza de brujas después de que un juicio en 1590-1592 le convenció de que había sido víctima de la brujería. El juicio de las llamadas brujas de North Berwick es uno de los más conocidos de la historia escocesa. Gillis Duncan, que trabajaba para David Seaton en la ciudad deTranent, recibió de repente unos milagrosos poderes de curación, y para ponerlos en práctica solía salir a escondidas de la casa de su señor por la noche. Seaton sospechaba que el diablo le había concedido sus poderes, por lo que la sometió a tortura. Como no logró hacerle confesar que era una bruja, un examen de su cuerpo mostró una «marca del diablo» en la garganta. Entonces ella confesó estar aliada con el diablo. Duncan fue encarcelada y animada a traicionar a otras personas. Nombró a varios hombres y mujeres, entre los que se hallaba una bien conocida «mujer sabia», Agnes Sampson, así como los respetables ciudadanos John Fian, Euphemia Maclean y Barbara Napier. Sampson compareció ante el rey Jacobo y un concejo de nobles, aunque se negó a confesarse una bruja. Se la torturó duramente y se encontró una marca del diablo en sus genitales. Al final confesó los cincuenta y tres cargos en su contra, la mayoría de ellos relacionados con el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades a través de la brujería.
Según Noticias de Escocia, la declaración de la detestable vida del Dr Fian, un famoso brujo (1591), Sampson confesó su asistencia a un aquelarre con unas doscientas brujas en la víspera de la festividad de Todos los Santos (31 de octubre), donde ella y sus colegas brujas habían besado las nalgas del diablo después de «celebrar y beber». También describió cómo en una ocasión colgó un sapo negro por sus talones y recogió en la concha de una ostra el veneno que caía gota a gota de su boca para preparar una poción de encantamiento. Ante el rey confesó personalmente cómo ella y un grupo de brujas habían intentado ahogarle en el mar en 1589, al desencadenar una tormenta cuando navegaba desde Oslo hacia Escocia o con su novia, la princesa Ana de Dinamarca. La nave había resultado ilesa, aunque la tormenta había hundido otro barco. Jacobo al parecer quedó convencido cuando Sampson repitió una conversación privada que él había mantenido con Ana en su noche de bodas.
Finalmente Sampson describió otro aquelarre en la iglesia de North Berwick, al que asistieron más de cien hombres y mujeres. Los brujos rindieron homenaje al diablo y después de girar «widdershin», o en sentido contrario al de las manecillas del reloj, varias veces en el exterior de la iglesia, Fian abrió las puertas de la iglesia con su aliento. Rodeado por la luz de las velas negras, el diablo subió al pulpito, pronunció un sermón y exhortó a los miembros de la asamblea a «no poner reparos a la práctica del mal: comer, beber y divertirse, porque les alzaría a todos en la gloria en el último día». Los participantes en el aquelarre salieron entonces al cementerio, donde el diablo les mostró la manera de desmembrar cadáveres con fines mágicos. En total, se acusó a unas setenta personas de brujería o de traición durante los juicios de North Berwick. Muchas de ellas fueron encarceladas, y Sampson, Fian y Maclean fueron ejecutadas.