Brujeria: El despertar del conocimiento

¿Cuándo, en qué momento, es propicia la existencia de un espacio fértil en el que pueden hacer su aparición las prácticas que definimos como hechicería? Ya hemos señalado que la religión, aun en sus expresiones más sencillas y primitivas, apunta a una explicación sobrenatural de los hechos en tanto éstos son inevitables, de modo que descarta cualquier operación sobre la divinidad más allá de la súplica, el pedido a través de oraciones, sacrificios y promesas. Los asuntos humanos no son de su incumbencia y su propósito principal es ocuparse de la salvación o condena eterna de las almas. Este desprecio por los cuerpos y las cosas de los hombres ha llevado a que desde los albores de la historia algunas personas, menos resignadas a su suerte que las demás, buscaran otras respuestas, para lo cual apelaban a los poderes, saberes, fuerzas y seres sobrenaturales en los que su imaginación les permitía creer, pero también a conocimientos sencillos, prácticos, al alcance de la mano, aunque invisibles para el ojo no entrenado.
Las formas primitivas de organización del trabajo cotidiano se estructuraron, a grandes rasgos, en torno de un esquema sencillo y efectivo, repetido en muchas regiones y culturas: cuando los hombres salían a cazar, las mujeres permanecían en sus casas. No siempre fue así; se registran infinitas variantes de procedimiento, en muchas de las cuales la hembra también compartía las partidas de caza. Pero en los casos en los que no lo hacía, preñada o habiendo parido recientemente, en un alto de sus quehaceres, cuando no curtía las pieles o preparaba comida, disponía de algún tiempo para merodear por los alrededores de la aldea y a veces se adentraba en el bosque. Allí recogía vegetales cuyas propiedades fue poco a poco conociendo y que aprendió a utilizar, primero como complemento y aderezo de las carnes que el hombre cazaba, pero más tarde -en especial aquellas hierbas, semillas, yuyos, setas, flores y hongos que no resultaban comestibles- como parte de un arsenal de sustancias en las que, por el método del acierto y el error, fue descubriendo propiedades curativas o nocivas y dañinas.
Sigamos paso a paso, con la imaginación, el proceso básico de la adquisición de conocimientos. Alguna vez, casi con seguridad de modo casual, una mujer descubrió que determinada hierba, hervida en un caldero, producía en el que la bebía un efecto narcótico, euforizante, afrodisíaco o simplemente digestivo. Cuando estuvo segura de las consecuencias que producía su ingesta, se atrevió a suministrarla deliberadamente a alguna persona de su entorno o la mezcló con otras sustancias cuyo resultado ya conocía. El éxito de sus brebajes trascendió y ella, eufórica o complacida, astuta y calculadora, fue ampliando sus experiencias, incorporó nuevos elementos e ingredientes a sus bebedizos y potingues, los perfeccionó y creó otros. Los utilizó para favorecer a sus parientes y amigos o para dañarlos. En algún momento vio la oportunidad de obtener un beneficio y los puso al servicio de otros, que deseaban producir un daño o curar una dolencia. Luego, su fama se extendió por toda la aldea y a veces por toda la comarca.

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