Aptitudes del hombre Leo

El hombre Leo está llamado, ante todo, al éxito. Es la razón por la que tolera tan poco la mediocridad. Es el hombre de las grandes empresas, de los vastos proyectos que encara con la tranquila certeza de que nada, ningún obstáculo, puede oponerse a él. En cambio, si fracasa corre el riesgo de quedar reducido a nada, pues la duda no tiene cabida en la imagen que tiene de sí mismo.
Hecha esta salvedad, digamos que desde el momento en que sus proyectos tienen la suficiente consistencia y cuenta con las competencias necesarias, puede alcanzar éxitos espléndidos. Como hombre brillante que es, se siente cómodo en el escenario o en la tribuna. Es un hábil actor, a veces histriónico, a quien además apasiona la idea de dirigir una compañía y montar él mismo el espectáculo. Si tiene ambiciones políticas, llega fácilmente a los más altos puestos.
A un nivel más modesto puede explotar el talento de los otros o sacar partido de su sentido de la belleza, dedicándose desde la edición para bibliófilos hasta la galería de arte, pasando por las antigüedades, la joyería, la alta costura, el comercio de lujo, la publicidad y, en general, las profesiones en las que se puede influir en el público.
Los negocios y la banca son también actividades en las que el hombre Leo se encuentra cómodo.
Debe desconfiar de su atracción por el lujo, de su amor a lo fastuoso y de sus aspiraciones al mecenazgo, condiciones ideales para forjar una gran fortuna… o para arruinarse: no todos los Leo son grandes hombres.