Hechizo roto

hechizos de San Cipriano
San Cipriano
Mago, rico y poderoso, Cipriano estaba acostumbrado a que todos se rindieran a sus pies, pero no contaba con la bella Justina. La joven era rica y hermosa, pero su corazón estaba con Cristo, más allá de los placeres del mundo.
La historia comienza con Prailo, diácono de Antioquía quien influyó directamente para que Justina y sus padres se volcaran a la fe cristiana. Luego sucedió que un joven, llamado Aglaide, se enamoró de Justina y la solicitó por esposa, lo que no pudo conseguir porque ella ya se había ofrecido a Cristo.
Desesperado, Aglaide recurrió a Cipriano el Mago para que doblegase a aquella joven que tan rebelde se mostraba a sus deseos. Cipriano aplicó todos sus hechizos y encantamientos invocando a los espíritus para que lo ayudasen en su empresa.
Pero Justina era inmune a hechizos y sortilegios, porque se hallaba bajo la intercesión de la Virgen y auxiliada por la divina gracia de Jesús.

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Oración a San Cipriano

Esta oración fue hallada después de la muerte del santo. Se dice que fue escrita poco antes de su martirio. Religiosos y paganos la recitan a menudo ya que es especialmente efectiva para rechazar todo tipo de hechizo, brujería o influencias del demonio.

Señor, apiadaos de mí,
Jesucristo, apiadaos de mí.
Señor, oídme.
Dios Padre que estás en los cielos.
Dios, Hijo, Redentor del Mundo;
Dios Espíritu Santo, apiadaos de mi.
Santa Trinidad, apiadaos de mí.
Todos los Santos, Ángeles y Arcángeles, rogad por mí.
San Sebastián, San Cosme y San Damián.
San Roque, Santa Lucía y San Lorenzo, rogad por mí.
De todo mal, líbrame Señor.
De todo pecado, líbrame Señor.
De vuestra ira, líbrame Señor.
De muerte repentina, líbrame Señor.
De los lazos del mal, líbrame Señor.
De la ira, odio y mala voluntad, libradme Señor.
Ángeles de Dios, oídme, sin vosotros mi corazón pierde toda su fuerza.
Sean llenos de confusión los que atentan contra mí.
Sean inútiles, Señor, de mis enemigos sus pasos.
Libradme de sus asechanzas y sus males, Señor.
Concédeme esta gracia, oíd mi súplica y que el grito de mi corazón llegue basta Vos.
Amén.

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Historia oficial de San Cipriano

Cipriano nació en Antioquía. Durante su juventud, estudió todas las artes mágicas de la época hasta conocerlas y dominarlas. Llegó a ejecutar actos de magia tan prodigiosos que pronto su fama recorrió el Oriente. Como mago tenía que lidiar con los espíritus infernales, quienes se doblegaban ante el poder de sus encantamientos.
Recordemos que un verdadero mago puede atar y desatar aquello que desea en la tierra y liberar o dominar hasta a los mismísimos demonios. Lo que no puede es llegar a los seres de luz, ya que ellos están por encima de su poder terreno, en el mundo del espíritu.
Ejercía un formidable poder sobre los espíritus infernales, que lo obedecían en todos sus mandatos y llegó a efectuar sorprendentes encantamientos. Tuvo dominio absoluto sobre las personas y los elementos terrestres, pero no pudo contra el verdadero amor que, como sabemos, es de origen divino.

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San Cipriano

santos y santas
San Cipriano
San Cipriano fue, antes de convertirse al cristianismo, uno de los magos más famosos del mundo antiguo. Santa Justina lo llevó hacia la fe cristiana, pero los escritos anteriores a su conversión se consideran uno de los mejores tratados de magia.
Iglesia Católica venera a San Cipriano y a Santa Justina como dos de sus grandes santos, pero le cuesta recordar el “oscuro” pasado de San Cipriano. Sin embargo, en las culturas paganas, el Cristianismo aunó creencias para lograr conversiones y, además, para respetar el saber primitivo de cada pueblo. Es por eso por lo que, lejos de pensar que San Cipriano fue alguien tenebroso, lo vemos en su faceta pagana como un mago dispuesto a resolver problemas terrenos ya que, como todos sabemos, los magos sólo pueden obrar sobre la materia, pero jamás pueden llegar a mancillar el espíritu divino que habita en el hombre.
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Hechizo roto
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Libro de San Cipriano
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Oración a San Cono

Esta oración debe ser seguida de tres Padre Nuestro, tres Ave María y tres Gloria Patri. Al iniciar cada una de estas últimas oraciones, debe hacerse la señal de la cruz. Al finalizar, se habrá hecho nueve veces.

Mira mi suerte, mira mi andar,
Querido San Cono,
serafín de caridad.
(aquí puede pedirse la gracia deseada)
Al Dispensador de todo bien,
en ti alabamos;
las tres virtudes le suplicamos:
en la fe, la esperanza y el amor
esperamos tu instrucción.

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