El túnel de Sydney

Testimonio exclusivo

Vivo en Sydney, Australia, y me considero un escéptico en todo lo referente a lo sobrenatural. No he cambiado mi forma de pensar, pero esto realmente me sucedió y no puedo encontrar ninguna explicación racional.
Trabajo como espeleólogo y desde que vivo en la ciudad suelo explorar desagües y cloacas, además de las cuevas y grietas naturales. Siempre he estado interesado en las estructuras construidas alrededor de Sydney, especialmente desde que un amigo mío me dijo que quería ver los antiguos túneles defensivos del puerto construidos por los ingleses cuando llegaron a Sydney.
paginas de misterioAntes debo explicarles que el puerto de Sydney ha mejorado mucho en los últimos doscientos años y lugares como el arroyo del Tanque y los túneles norteños y del sur están parcialmente llenos de agua. Cuando recibimos el permiso local para explorarlos nos hicimos con un traje de buceo y una escafandra, además de un bote hinchable. Decidimos salir por la playa del puerto debajo del Parque Zoológico Taronga, aproximadamente a las 11 a.m., el 15 de febrero de 1997, un bonito sábado de final del verano. Éramos en total seis personas, pero sólo cuatro de nosotros comenzamos la exploración en los túneles.

Lo primero que debo decir es que nosotros caminamos en la oscuridad, con un fuerte olor a moho en los túneles y llenos de telarañas. Le recomiendo que si usted no sabe moverse entre arañas, telarañas y ratas no haga nunca esta prueba. Después de recorrer cierta distancia vimos pruebas de las visitas que niños aventureros habían realizado en estos túneles, quizá para demostrarse quién era el más valiente. Graffitis, papeles y botellas de cerveza vacías eran la prueba de su paso, aunque había un dibujo fechado en 1809.

Por eso ese viejo lugar había perdido su encanto aunque, sin embargo, los túneles realmente siguen siendo atractivos para quienes gusten de las aventuras y lo desconocido. El viento sopla en su interior y genera sonidos extraños durante varios kilómetros, y pienso que a muchos les induce al miedo y a la necesidad de echar a correr. El líquido que estaba bajo nuestros pies debería ser sólo agua, pero en la oscuridad no lo veíamos, aunque percibíamos perfectamente un hedor imposible propio de las alcantarillas.
Algunas zonas de los túneles se habían derrumbado bajo el peso de los camiones que pasaban por la superficie, así como las paredes aparecían resquebrajadas a causa de las raíces y material procedente de los bosques que se filtraba a través de los bloques de piedra arenisca. Muy cercano estaba el parque zoológico, lo que obligaba a inclinar los túneles hacia abajo y fue precisamente allí donde nos detuvimos para tomar aliento e iluminar mejor el lugar. Normalmente, cuando el agua en lugares así es bastante profunda, puede ser peligroso intentar vadear o nadar; sin embargo, simplemente hay que decir que a las ratas les gusta mucho ese lugar y la pestilente comida.
Yo estaba sentado en el margen izquierdo de ese lugar tan sucio, y había encontrado un sitio idóneo para raspar el tejado en busca de algún detalle de interés. Estaba a punto de abandonar cuando noté lo que parecían ser más túneles antiguos.

Señalé este hecho a mis compañeros y ellos estuvieron de acuerdo conmigo, aunque todos sabíamos que no disponíamos de mucho tiempo más y teníamos que comenzar el regreso aproximadamente dentro de diez minutos. Uno de ellos notó que el agua estaba comenzando a moverse fuertemente, posiblemente como resultado de las mareas, y nos dijo que lo mejor que podíamos hacer era dar la vuelta y salir rápidamente.
Sus deseos fueron órdenes tajantes y cuando comenzamos a regresar el agua empezó a brotar con fuerza haciendo peligrar nuestra embarcación. Lo único que se podía ver con esa oscuridad eran los remos y a mis compañeros. En una ocasión, en uno de los túneles que comunican con el principal, y después de ir corriente abajo, creí ver una figura azul y verde con alas, lo que identifiqué en ese momento como el gas del pantano, pero su aspecto era inquietante. Esta visión duró unos segundos y luego se formó la figura de un hombre resplandeciente. Su vestimenta era lo que parecía un traje entallado, algo así como lo que llevan esos hombres sin casa ni hogar que llevan siempre el mismo traje aplastado, pues frecuentemente duermen con él.

Lo cierto es que la figura estaba mirándonos fijamente, aunque en ese momento pensé que estaba alucinando, pues ninguno de mis compañeros lo vio. Comencé a sentirme mal, pues era consciente de que el agua alcanzaba en esa zona seis pies de profundad, y nadie en su sano juicio bajaría sin protección a un túnel como éste. Nosotros disponíamos de un equipo adecuado, además del bote, pero el lugar era tan húmedo y maloliente que hacía necesario el uso de mascarillas y oxígeno. Por eso, una persona en pie, sin hundirse, vestida con traje arrugado y mirándonos fijamente sin hablar, no era una visión habitual en mi trabajo. Además, el agua que le cubría brillaba, y las paredes próximas reflejaban esa luz. En ese momento dejé de ver la figura pues uno de mis compañeros dijo que sentía mucho frío a pesar de su traje de buceo térmico, especialmente cuando llegamos al lugar en donde yo había visto la persona fantasmal.
Desde ese día ninguno de nosotros ha estado en ese ni en ningún otro túnel, por lo que no puedo decirles qué ha ocurrido después.

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Historia de un militar

aliensRecuerdo ese día de verano claramente, aunque el año exacto pudiera ser el 1966. Mis padres residían en una vivienda anexa a un aeropuerto militar cercano a Washington, DC, no lejos del Pentágono. Nosotros almorzábamos en el restaurante del aeropuerto. Un día mi padre tuvo que irse de maniobras en un reactor en ruta hacia Alemania y retornó después de una semana. Regresó convertido en un adolescente interesado en la electrónica y las muchachas, aunque no noté un cambio que indicase un trauma o algo similar.
Cuando se retiró del servicio activo trabajó como escritor de discursos para el presidente Johnson, cargo que ejerció hasta que murió.
Cualquier hecho sobre ovnis no figuraba hasta entonces en mi pensamiento y mi padre se refería a ello como materia no clasificada, que quería decir prohibido hablar. Alegaba que hasta que no se viera un ovni en medio de Washington no se admitiría su existencia.

Sin embargo, cuando mi padre volvió de Alemania espectacularmente rejuvenecido pensé que me gustaría saber las causas de ese hecho, pero él no parecía recordar nada en especial. Varios años después nos fuimos a vivir a Florida, donde permanecimos hasta su retiro. Era el año 1973 y mi madre había muerto de cáncer; mi padre atravesaba la peor época de su vida, sin ocupación y sin la compañía de mi madre.
Una de las cosas que más le perturbaron sobre la muerte de mi madre es que ella gozaba de buena salud. Hacía ejercicio, había dejado de fumar hacía ya diez años, mantenía una dieta saludable, comía muchas verduras y bebía jugo de verduras (zanahorias, apio, etc.). Pero a pesar de todos estos procedimientos saludables, ella enfermó de cáncer y murió.
Los doctores, la quimioterapia y las oraciones no detuvieron esa bestia de enfermedad. Mi padre pasó por todos los cambios de humor previsibles: desaliento, lucha, filosófico, religioso y abatimiento total. Decir que él estaba muy disgustado con la muerte de mi madre sería una subestimación.
Era un sábado por la noche, y habíamos comido una cena simple (sólo nosotros dos). Yo había determinado ver una serie presentada por Leanord Nimoy (Spock en Star Trefe), que todas las semanas trataba un tema interesante. Bien, esa semana su tema era sobre un platillo volante que había chocado en alguna parte del sudoeste de Estados Unidos, quizá Roswell, Nuevo Méjico.

Mostraron escenas de donde pasó, entrevistaron a los granjeros y otras personas que habían visto el suceso. También hablaron con los militares, quienes negaron la relación con un ovni, alegando que era un avión militar o alguna otra explicación absurda. Era bastante convincente para los incrédulos.
Mi padre había estado sentado a la mesa del comedor mirando el documental y asumí que estaba tan interesado como yo, si no más. Pensé que él no creería nada de aquello, pero después de la cena le noté mucho más relajado.
Supongo que esas imágenes le ayudaron en su situación de desamparo.
Después, noté que se había marchado de su cuarto y ni siquiera estaba en casa. Estaba fuera pensando, en la oscuridad. Después que el programa hubo terminado, salí para unirme a él, pues no me sentía muy tranquilo al verle tan silencioso. Estaba muy meditativo y pensé que se encontraba de nuevo disgustado por la muerte de mi madre. Pero…

Empezó hablando sobre lo que habíamos visto. No recuerdo lo que dijo exactamente, pero básicamente me quedé sorprendido de que estuviera totalmente de acuerdo con la presencia de extraterrestres y me contó un relato personal.
Ese viaje a Alemania en 1966 no fue en realidad a Alemania, sino a algún lugar sin revelar en el sudoeste de Estados Unidos. Mi padre, junto con varios otros funcionarios del ejército, acudió en busca de unos humanoides que habían caído en su nave espacial. No eran rusos, ni chinos, ni americanos, ni de ningún otro país.
Los pusieron en un depósito de cadáveres helado, y la primera inspección reveló la presencia de restos de una raza de humanos desconocida, nunca catalogada por ninguna otra cultura o país. Mi padre me dijo que tenían la cabeza algo grande y vestían un material extraño. Tenían carne y huesos como nosotros. Allí estaban, era innegable, y los análisis mostraron una composición, en cierto modo, exótica, aunque sin nada especial o sobrenatural. Indudablemente, no eran de la Tierra.

Le hice nuevas preguntas a mi padre, y me dijo que algunas cosas eran aún secretas, pero que posiblemente más adelante me contaría más detalles. Le notaba disgustado, pero no por los humanoides sino por el hecho de que el Génesis en la Biblia parecía no encajar entonces con este descubrimiento. No éramos los únicos habitantes del universo y eso provocaría numerosas controversias mundiales. La idea de una raza de humanos en otro planeta, posiblemente en el sistema solar, ocasionaría una deserción de la creencia en la doctrina bíblica. Le dije que la Biblia se escribió principalmente para este planeta y que seguía vigente, pues en los textos sagrados no había ninguna frase que dijera que el Génesis «solamente pasó en la Tierra». Otros planetas tendrían su propia historia.
Además, cuando yo leí el Génesis, siento que lo que dice sobre la creación, generalmente, puede aplicarse fácilmente a cualquier planeta y a todos los planetas en general.
En los días siguientes seguí haciéndole preguntas sobre los extraterrestres y le prometí guardar secreto sobre lo que me dijera. Pero no quería volver a hablar nada sobre el tema y me dijo que aquella noche estaba un poco bebido y que seguramente había dicho muchas tonterías. Ante mi insistencia me aseguró que era yo quien estaba alucinando y que la Biblia no estaba equivocada.

Cuando se murió se fue con sus secretos a la tumba, aunque por sus pocas palabras deduzco que esos extraterrestres eran astronautas y científicos que viajaban por el sistema solar con la intención de estudiarlo. Después de todo, se podría ocasionar un caos mundial si supiéramos ciertamente que existe vida en otros planetas y que estamos siendo observados por otras especies.
Hoy día, muchos años después de aquellos acontecimientos, los habitantes de la Tierra seguimos con las mismas incógnitas y nos dividimos en dos grupos irreconciliables: los que creen firmemente que existe vida en otros mundos, lejanos o cercanos, y quienes creen que la raza humana es el primer eslabón en la creación. Pero al igual que tuvieron que pasar miles de años hasta que Cristóbal Colón demostró la existencia de nuevas tierras y personas, posiblemente necesitemos algunos cientos de años más para poder demostrar que no estamos solos en el universo.

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Premios Nobel al servicio de los nazis

Heisenberg: de “sospechoso” a afín al régimen

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Werner Heisenberg
El genio de la física Werner Heisenberg, galardonado con el Premio Nobel por su trabajo sobre mecánica cuántica y por el Principio de Incertidumbre que lleva su nombre, ha sido acusado de aceptar la doctrina nazi con el propósito de obtener los recursos necesarios para hacer realidad el dominio de la energía nuclear por el ser humano. Después de una carrera fulgurante, Heisenberg fue nombrado director del Instituto Kaiser Wilhelm de Física en 1942, un puesto de gran responsabilidad e inaccesible para alguien que no hubiera estado cercano al régimen del III Reich. Sin embargo, antes de la II Guerra Mundial, otro Premio Nobel, Johannes Stark, que sí simpatizaba claramente con los nazis, le había calificado en público de “judío de espíritu”, ya que no lo era por tradición ni etnia. Las SS llegaron a investigar a Heisenberg, aunque en 1939 decidieron rehabilitarlo por completo. Desde entonces, su influencia ascendió como la espuma y dispuso de gran apoyo en los círculos políticos más elevados.

Sinceramente interesado por el potencial de la energía nuclear, Heisenberg consiguió el apoyo económico de los militares gracias a sus investigaciones sobre el aprovechamiento bélico del átomo, como hiciera Werner von Braun con los cohetes. Cuando fueron interrogados por los británicos tras la rendición alemana, Heisenberg y sus colegas negaron que sus trabajos fueran de naturaleza militar. Pero, aunque es cierto que el físico tenía la esperanza de que sus investigaciones fueran de utilidad en el ámbito civil, no lo es menos que había estado implicado en el desarrollo militar de la energía nuclear. Si la guerra con los aliados se hubiera prolongado más tiempo, con toda seguridad las bombas nucleares de EE.UU. habrían caído sobre Berlín y quizá las alemanas habrían cruzado el Atlántico.

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Bomba con diseño propio

En territorio alemán existían dos equipos que tenían los mismos objetivos. Uno se ubicaba en Gottow y estaba liderado por Kurt Diebner y el otro, dirigido por Heisenberg, trabajaba en Leipzig y Berlín. Desarrollaron por separado tecnologías ligeramente diferentes, encaminadas a construir sendos reactores nucleares de fisión. El diseño de Diebner era algo superior al de Heisenberg. Todo indica que, al menos en Gottow, se realizaron experimentos con los prototipos del reactor incluso pocos meses antes de la rendición. Una exploración sobre el terreno sugiere que, efectivamente, se utilizó un reactor que experimentó una corta reacción en cadena, pero tal y como deja entrever Diebner en una carta a Heisenberg fechada el 10 de noviembre de 1944, hubo problemas que hacen suponer un accidente. Fue también el grupo de Diebner el que se dedicó a diseñar el arma nuclear, cuya concepción era diferente de lo que Estados Unidos, en primer lugar, y la Unión Soviética, más tarde, desarrollarían.

Consistía en un cuerpo hueco formado por explosivos convencionales que, al estallar, dirigían su energía hacia un punto central, en el que se encontraba el uranio enriquecido. Los expertos se preguntan hoy si tal diseño habría producido las reacciones atómicas esperadas. Lo que resulta evidente es que, a la luz de la documentación desclasificada durante la última década, Alemania había conseguido reunir desde 1939 los conocimientos y el personal científico necesarios para explorar el uso energético y militar del átomo, así como que, poco antes del final de la II Guerra Mundial, alcanzó niveles de experimentación práctica hasta ahora ignorados. Si el régimen nazi no hubiera sido derrotado a tiempo, ¿cómo estaría configurado ahora el mundo?

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El elemento 94

Pero los interrogatorios británicos revelaron lo contrario: Heisenberg y sus colegas conocían los conceptos básicos de la energía nuclear la reacción en cadena de fisión y que tanto el uranio-235 como el plutonio son materiales fisionables. De hecho, un informe alemán de febrero de 1942 ya hablaba del uso del uranio como fuente de energía.

Además, reconocía que el uranio-235 tiene un potencial explosivo un millón de veces superior a todo lo conocido. El plutonio, que podría producirse en un reactor de fisión de uranio-235, también sería aplicable a una bomba nuclear, cuya potencia sería 10 millones de veces superior a los explosivos convencionales. En esa época el plutonio no era conocido como tal (ese nombre se le otorgó en el Proyecto Manhattan y permaneció secreto hasta después de la guerra). El hecho de que en el diagrama se mencione la palabra plutonio podría indicar que es posterior a la u Guerra Mundial. Sin embargo, no quiere decir que fuera desconocido por los alemanes, quienes ya se referían a él como “elemento 94”, en relación a su orden en la tabla periódica.

De hecho, podrían haberlo bautizado como plutonio siguiendo la conocida tradición de dar nombres de planetas a los nuevos elementos encontrados (uranio, neptunio y plutonio, por Urano, Neptuno y Plutón, respectivamente). Von Weizsacker se refirió repetidamente a este elemento en su solicitud de patente de 1941, indicando que se necesitarían entre 10 y 100 kg. del mismo para obtener la masa crítica precisa para crear un arma nuclear. Eran cifras muy semejantes a las obtenidas en el Proyecto Manhattan en noviembre de 1941: entre 2 y 100 kg. Las descripciones del científico alemán sugieren que buscaba patentar la bomba de plutonio. Sin embargo, la solicitud fue retirada en tales términos y reenviada con otro nombre el 3 de noviembre de 1941, esta vez sin mención explícita a bombas de ninguna clase.

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