¿Para qué sirve el zodíaco?

El zodíaco no existe. En efecto, si levantamos la cabeza y miramos el cielo a cualquier hora del día o de la noche, no veremos zodíaco alguno.
Observando el cielo y los movimientos cronométricos de los astros con regularidad, el hombre de la Antigüedad concibió el zodíaco como un anillo colocado entre la Tierra y el Sol, en cuyo interior se podía ver cómo se desplazaban y circulaban los astros, es decir, las estrellas y los planetas.
Gracias a esta genial invención, podía observar y medir los desplazamientos de los astros al mismo tiempo. En cierto modo, podemos decir que el zodíaco le hacía conocedor, no del cielo en profundidad, sino de los movimientos que los astros producían continuamente, aunque éstos no fueran observables a simple vista o en un tiempo presente. Ayudándose de este instrumento que es el zodíaco, pudo «predecir» con certeza la llegada de tal o cual astro, en un determinado momento del año, en uno u otro sector del cielo y, por lo tanto, en un sector determinado del zodíaco, ya que los movimientos celestes presentan una regularidad cronométrica a lo largo de los siglos. De este modo, lo que un antepasado observó, midió y codificó en un momento preciso, podía hacerse y comprobarse uno, dos o tres siglos más tarde. ¡Hoy en día puede todavía confirmarse la exactitud de algunos fenómenos celestes que fueron observados hace al menos cinco mil años! Desde entonces, afirmando la simultaneidad, por una parte, de la aparición de un astro en un sector del cielo y del zodíaco y, por otra, de la manifestación de uno o varios fenómenos naturales en la Tierra o en su entorno inmediato, el hombre de la Antigüedad pudo prever los fenómenos mencionados y anticipar de forma lógica todas sus consecuencias sobre la naturaleza o sobre su propio espacio vital. Así pues, y poco a poco, el hombre comprendió los elementos de la naturaleza y fue capaz de mejorar todos los campos de su vida sobre la Tierra.
Evidentemente, se trataba de una ambición científica, estimulada por un afán de conocimiento y por una finalidad práctica.

El zodíaco, herramienta del astrólogo

La controversia que enfrenta con frecuencia a astrónomos y astrólogos contemporáneos se basa a menudo en la estructura misma del zodíaco y en su posible falta de rigor científico. Como veremos al abordar el tema de la cosmografía, se trata de un malentendido.
Astronómicamente, es cierto que los signos del zodíaco a los cuales nos referimos no están situados en un lugar preciso. De hecho, nada es inmutable bajo la bóveda celeste. Así, el punto de partida del zodíaco de la Antigüedad ya no se corresponde exactamente con el que podemos observar hoy en día. En el mismo zodíaco hay una diferencia de algunos grados. Pero este hecho no debe ser considerado como una restricción ni debe conducirnos a replantear los fundamentos básicos del zodíaco, ni el sistema astrológico creado por nuestros predecesores.
Es conveniente considerarlo únicamente como un entramado de datos de lectura, una herramienta útil para la observación del desplazamiento de los astros y necesaria para averiguar su ubicación en un momento dado. Debemos considerarlo siempre, y a pesar de las imprecisiones que se le puedan achacar, como una herramienta útil del astrólogo sin dejar de olvidar que no existe.

Las primeras representaciones del universo

Entre los milenios IV y III a.C, en la época sumeria -durante la cual fueron establecidos los primeros sistemas astrológicos- se concebía el Universo como una inmensa bola vacía compuesta de dos hemisferios, y cuyo centro era la Tierra; por encima se hallaba el Cielo y por debajo el Infierno. Según esta interpretación del mundo, los antiguos mesopotámicos imaginaron que los dos hemisferios se unían en la línea del horizonte, donde se fundían el Cielo y las aguas de las cuales emergía la Tierra. Según este criterio y desde su perspectiva, las estrellas y los planetas se desplazaban desde lo Inferior hacia lo Superior y desde lo Superior hacia lo Inferior, por encima y por debajo del plano del horizonte de la superficie del mar, en esta enorme bola del universo en cuyo centro estaba ubicada la Tierra. ¡Ciertamente, la imagen de esta esfera nos hace pensar en el zodíaco!

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