Mercurio, la mente y el alma

A través de los significados de Mercurio en una carta astral podemos entrar en relación con el alma de un ser y comprender cómo se expresa.
Vivimos en un mundo organizado por el lenguaje, pero donde cada vez resulta más difícil entender las palabras; puesto que, cuanto más avanzamos, también con más frecuencia les damos un sentido equivocado a éstas o bien las vaciamos de su significado, y cada vez nos cuesta más entendernos. Históricamente, la humanidad nunca dispuso de tantos instrumentos y medios para la comunicación. Pero, a la vez, nunca los malentendidos han sido mayores y el aislamiento y el mutismo tan flagrantes.
De hecho, podríamos tener la impresión de que nuestro mundo, en cualquier pueblo o nación, funciona en dos niveles diferentes. En el nivel inferior se sitúa lo que llamamos la mayoría silenciosa, de la que todos formamos parte, y que vive, se mueve y actúa, víctima de las necesidades y de sus pulsiones, a veces simples y fáciles de entender, otras veces extrañas y contradictorias, incomprensibles e imprevisibles. Y en el otro nivel figura la economía de un país o de una nación, y a su vez el equilibrio de las fuerzas del mundo, que se basa en dichas necesidades y pulsiones de esta famosa mayoría silenciosa. En efecto, si por ejemplo mañana decidimos dejar de consumir gasolina -lo que, por supuesto, parece impensable, ya que el uso del coche se ha convertido en una segunda naturaleza para nosotros- provocaríamos una catástrofe económica. Pero, para evitar que se produzcan acontecimientos de este tipo —puesto que en el fondo sabemos que todo es posible y que todo puede suceder en cualquier momento-, hemos establecido una especie de ojo vigilante electrónico, un sistema de vigilancia muy sofisticado.
En el nivel superior existe, pues, todo lo que nuestras sociedades modernas llaman los «media» (medios de comunicación, es la forma plural del latín médium), que juntos forman una especie de barómetro de los estados de ánimo o estado mental de las masas, de las cuales son un reflejo; pero que, al mismo tiempo, intentan también influir, modificar y modelar, y que, a menudo, les cuesta seguir o comprender. Por eso, los medios de comunicación que, como su nombre aparentemente indica, son intermediarios -o al menos deberían tener este papel- entre los dos niveles que acabamos de describir, acaban convirtiéndose en instrumentos de juego, de poder y de influencia y dejan de ser los instrumentos de comunicación que eran en un principio, comunicación para la cual fueron creados. Su influencia se vuelve demasiado fuerte en nuestra mentalidad y costumbres, es decir, nuestros hábitos de pensamiento y de vida. Se nos impone demasiado lo que pensamos y lo que vivimos, lo que debemos pensar y vivir. Entonces, acabamos reprimiendo el pensar y el vivir como sentimos, espontáneamente, a pesar nuestro. Por eso, el nivel denominado inferior -del que, repetimos, todos formamos parte-, que es el de la vida y las preocupaciones colectivas, tiende cada vez más a inhibir nuestras emociones, que son, a partir de ahí, susceptibles de desencadenar en cualquier momento otra explosión. No nos sorprendamos, pues, de ver cómo en todos los pueblos del mundo triunfan las películas de catástrofes.
Se reconocen en sí mismos, o más exactamente, perciben en sí mismos este exceso de emociones vejadas que temen encontrar desbordadas algún día, sin poder retenerlas.

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