El horóscopo y las estaciones

El sol da origen a los signos y al cambio de estaciones- toda la rueda zodiacal marcha al ritmo de la naturaleza y de los símbolos que encierra.
El año se divide en cuatro estaciones, de acuerdo a los equinoccios y solsticios, y cada una de ellas está subdividida en tres períodos. Cada una de estas fases, tiene asignada una forma de ser, una personalidad, de acuerdo a la estación y al período al que corresponda. Esta categorización tiene como punto de vista el Hemisferio Norte, cuando estrellas y constelaciones ya tenían nombre, dado que fue allí donde nació la Astrología occidental y oriental, hace varios miles de años. De ahí que, se haya definido como punto de partida del Zodíaco, el equinoccio de primavera, que tiene lugar sobre el 21 de marzo, momento en el cual se veía la constelación de Aries. Los equinoccios son los dos momentos en el año en que los días duran lo mismo que la noche en toda la Tierra. Ése es el significado de la palabra latina de la cual procede: «noche igual». Esto suele suceder sobre el 21 de marzo y de septiembre, pero no es exacto. En esas fechas, en el Heminisferio Norte comienza la primavera y en el Hemisferio Sur, el otoño.

Dinamismo y alternancia de energías

Modalidad y polaridad marcan parte del dinamismo del Zodíaco. Unos son signos que inician estaciones, otros, actividad o pasividad.
• Modalidad
El paso de las estaciones define la «modalidad» de los signos, por lo que el simbolismo de signos y cambios naturales es claro.
Una de esas «modalidades», la cardinal, es la que corresponde al inicio de cada estación.
Así, Aries marca el punto O del equinoccio de marzo, su punto opuesto es Libra, que marca el punto O del equinoccio de primavera; así como Cáncer corresponde al solsticio del 21 de junio y Capricornio (su opuesto), al punto O del solsticio del 21 de diciembre.
Portal razón, como «comienzan» una estación, los signos cardinales -Aries, Cáncer, Libra y Capricornio-son signos de marcadas cualidades emprendedoras, inician y lideran.
• Polaridad
Se denomina «polaridad» a los opuestos. La energía del Zodíaco, no sólo cambia por ciclos, otro de los elementos interesantes que se combinan con ese dinamismo energético que representa el Horóscopo es el de la polaridad.
De este modo, los signos se alternan en signos «masculinos» (activos, diurnos, yang) y signos «femeninos» (pasivos, nocturnos, yin).
Los signos «masculinos» o con «polaridadpositiva» son: Aries, Géminis, Leo, Libra, Sagitario y Acuario.
Los signos «femeninos» o con «polaridad negativa» son: Tauro, Cáncer, Virgo, Escorpio, Capricornio y Piscis.

Las cuatro estaciones

A este período corresponde el primer signo, emprendedor y lleno de energía, el impulso de la vida nueva en primavera. Se le llamó signo «cardinal», porque es el que comienza el ciclo de la vida, se instala la idea, se planta una semilla en la tierra, para que nazca y dé vida. De ahí surgirá lo nuevo, la existencia, algo que comenzará a desarrollarse luego con el cuidado de Tauro.
Aproximadamente 30 días después, aparece la constelación de Tauro; signo al se llamó signo «fijo», porque está en medio de la estación. Él se dedicará a la conservación de eso que ha nacido, le dará agua, la cuidará de los cambios de temperatura, la protegerá y se ocupará de contemplarla mientras crece sana y feliz. Cuando esta semilla se hace planta, y sus hojas empiezan a dar flores, aparecerá Géminis.
El siguiente es Géminis, es el último antes del cambio de estación, por lo tanto es un signo «mutable». Aquí la naturaleza está llena de la vida, nacida en la primavera recién pasada. Por lo tanto, es vida para intercambiar, observar, es inquieta, se transforma cada día, como un adolescente, y va a durar un poco, se disfrutará a pleno, hasta un nuevo ciclo para volver a transformarse en el momento que corresponde al signo de Cáncer.
Empieza el verano, con el solsticio de verano, hacia el 21 de junio (día más largo del año en el Hemisferio Norte y el más corto, en el Sur), llega el signo de Cáncer.
Otra vez, se trata de un signo cardinal; llega entonces la época previa a la cosecha. La planta se hizo árbol, se nutrió y sigue alimentándose, nutriéndose -tal como señala el simbolismo de este signo protector y maternal- para conseguir desarrollarse en todo su poderío y fuerza.
Será ese el tiempo en que llegará el signo de Leo, de carácter fijo, que habita en la plenitud del verano, cuando las naturaleza explota y la tierra ofrece a los hombres todos sus dones.
La estación culmina con la aparición de Virgo, signo mutable. Él piensa, su función es la de evaluar críticamente la calidad de lo que se ha cosechado. Es detallista y lo hace buscando la perfección, que cada vez los brotes obtenidos sean mejores.
Llega el otoño, que corresponde equinoccio de otoño, el 21 de septiembre. La naturaleza comienza a replegarse sobre sí misma y en la pérdida externa hay ganancia interna. Se va camino al invierno y la personalidad de los signos se va volviendo cada vez más previsora.
Libra es un signo cardinal y racional. Corresponde a la época en que la semilla debe elegir el mejor terreno para dar frutos en la próxima temporada. Le sigue el Escorpión, signo fijo, que marca el tiempo en que la semilla está oculta bajo la tierra, como si estuviera muerta, pero no lo está. El período otoñal terminará con Sagitario, un,signo mutable, la semilla comienza a agitarse, preparándose para brotar.
El 21 de diciembre corresponde a la fecha del solsticio de invierno, la semilla enterrada afronta el período más difícil y Capricornio, signo cardinal, es más previsor. Acuario, por su parte, el siguiente signo fijo, es símbolo de crecimiento.
Representa el desarrollo de ese ser que va creciendo de modo absolutamente individual (la semilla). El ciclo terminará con Piscis, señalando el momento en que hay que estar alerta, concentrarse en la unión del espíritu y el cuerpo.

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