El zombie es un no muerto, con aspecto humano pero cuyo cerebro solamente sigue las órdenes de su amo. Sedientos de comer carne humana viva, caminan lentamente por las ciudades en busca de un vivo con el que calmar su hambre insaciable.
Inmunes a los golpes y a las balas, solamente se les puede matar quemándoles o cortándoles la cabeza. Nos puede parecer macabro, pero alguien nos tiene que explicar la extraña semejanza que existe con la frase evangélica cristiana de “Tomad y comed, ésta es mi carne; tomad y bebed, ésta es mi sangre”, atribuida inicialmente a Jesús durante la última cena.
Ahora para la gente la palabra zombie se emplea más acertadamente, pues se dice de quien anda como dormido, aunque en Haití se sigue empleando para aquellos que se creen ser muertos vivientes y para los niños que mueren antes de ser bautizados.
No obstante, el miedo a que los muertos salgan de sus tumbas vistiendo sus harapos y mortajas sigue presente y hay pocas personas que se atrevan a entrar solas de noche y con Luna llena en un cementerio. Solamente el alcohol y la compañía de otras personas puede infundir el valor necesario para hacerlo.
Especialmente peligroso es hacerlo durante el día de los difuntos o en Halloween, pues dicen que quien se encuentre con un zombie y le mire a los ojos se convertirá inmediatamente en otro muerto viviente. Aunque las películas muestran que un zombie se muere mediante el contundente corte de su cabeza, parece ser que la sal en sus ojos es más eficaz.



