Digamos que las cosas tangibles no representan un problema para Virgo, para el que tan sólo será cuestión de tiempo y paciencia el solucionarlas. Pero el destino, la vida en sí y la incertidumbre asedian al corazón de este nativo día y noche. Con Virgo se tiene siempre la sensación de no dejarse llevar por la gran marea de la vida. Es como si le diera miedo llegar a convertirse en lo que él mismo sabe que le toca. Hay pues cierto reparo a envejecer, un tremendo temor a enfermar y en general pavor por desvirtuar lo que este nativo considera que él es.
Pero como ya se ha dicho, el nativo de este signo conoce a la perfección el orden natural de la vida y de la realidad. Sabe perfectamente de dónde viene y a dónde debe ir, así que de una manera o de otra tendrá que acceder a aceptar el destino que le ha tocado. Resulta curioso ver cómo Virgo se tira literalmente de cabeza a la piscina de la experiencia como si eso le fuera a facilitar las cosas. Este nativo siempre está dispuesto a ponerse manos a la obra, como si prefiriera poner él las condiciones antes de que le sean impuestas. Pero siempre le toca aceptar un papel que él considera por uno u otros motivos inferior a lo que realmente le debería de corresponder. De ahí la gran fama de servidor que envuelve a cualquier descripción de este signo del Zodiaco.
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