La riqueza es el más alto ideal al que todo Tauro se ve sujeto. Lo que más gustaría a este nativo es que todos y cada uno de los seres humanos pudieran disfrutar de un alto nivel económico para así no tener que cargar con las envidias que le obligan a tener que defender su feudo. Pero como tiene los pies en la tierra y sabe que eso no es posible, se dedica a luchar contra la decadencia y la descomposición. Poder mantener eternamente la plenitud de un imperio en plena producción pica la curiosidad de este nativo, muy capaz de intentar llevar a cabo semejante utopía.
Pero con tanto trabajo no se puede disfrutar de la vida. Además de los pequeños placeres cotidianos que un Tauro que se precie jamás perdonará, la fiesta y el desenfado son esenciales para poder renovar energías. Nadie mejor que Tauro para diseñar un inmejorable programa de festejos que sacie tanto las necesidades del pueblo llano como las suyas propias.
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